domingo, 1 de febrero de 2015

El amanecer

Yai me llama para que vea el amanecer. Al otro lado del ventanal el sol acaba de alzarse por encima de la línea de edificios más lejana y lo cubre una pequeña nube, cuyo contorno los rayos solares rebasan como no queriendo romperla.

Pienso en tomar una foto del momento, pero no lo hago. Es hora de desayunar, un café con leche humeante y un sandwich nos esperan. Y después, nuestro día. Dicen que es lunes.

Guardaré este amanecer en el álbum de las fotos no tomadas, aquellas que sólo existirán en nuestras retinas. A veces éstas son las mejores fotos, al igual que las palabras no publicadas son las que hablan de las cosas más importantes: de nosotros, de amor, de sueños y días nuevos.

viernes, 21 de marzo de 2014

"La nuclearización del mundo" (Jaime Semprun, 1980)

Publicado originalmente el 17 de octubre de 2011 en el blog Horitzons inesperats.

La nuclearización del mundo. Jaime Semprun. Ed. Pepitas de Calabaza, Logroño, 2007. Edición original: La nuclearisation du monde (Éditions de l'Assommoir, 1980).

"Como las dos o tres catástrofes que todavía faltan al texto para cobrar pleno sentido son evidentemente tan "imposibles" como las precedentes, es de temer que sus méritos sean demostrados de una forma tan aplastante que después de la demostración no quede nadie para reconocerlos."

Jaime Semprun, prólogo a la reedición de 1986 para Ediciones Gérard Lebovici de La nucléarisation du monde.

El 3 de agosto de 2010 murió Jaime Semprun, escritor, ensayista, traductor y editor francés (nacido en París en 1947). Con él se perdía una de las voces más inquietas e inconformistas de las últimas décadas.

El libro que aquí comento, y que llega a nuestras librerías gracias a la Editorial Pepitas de Calabaza, es una crítica demoledora a la energía nuclear y al totalitarismo democrático.

Su rasgo más característico es el uso de la sátira disfrazada de apología. Todo el libro entero es un falso alegato a favor de la energía nuclear escrito desde el supuesto punto de vista de un periodista, no experto en la materia, que después de documentarse sobre las ventajas de esta tecnología se dedica a predicar la "buena nueva " de la nuclearización del mundo. Así, Semprun dedica la mitad del libro a desacreditar los detractores de la nuclearización, y la otra mitad a elogiarla a dicha tecnología y sobre todo a las élites del gobierno tecnológico de la sociedad, que son capaces de determinar lo que es lo mejor para ella sin que a ésta le quede otra opción "racional" que asentir ciegamente .

Como muestra de la fina línea que separa el sarcasmo de Semprun del discurso oficial basta con la primera frase del texto:

"El debate democrático que hoy por hoy se pretende suscitar desde las más altas esferas del Estado entre una opinión reticente tiende a recoger fielmente la aquiescencia de la población, a través de sus calificados representantes, a las decisiones tomadas en materia de energía nuclear."

Empezar un libro afirmando que las "más altas esferas del Estado" pretenden "suscitar" un "debate democrático" sobre la energía nuclear es toda una declaración de intenciones.

Este tono sarcástico puede llegar a resultar pesado e incluso irritante en algunos momentos, pero en otros da lugar a grandes muestras de humor negro, como la de la cita del prólogo que he reproducido arriba. Esto ayuda a poner el énfasis en la dominación tecnocrática de las masas ignorantes y pasivas (que es el tema real del libro) por encima de los detalles técnicos por los cuales el uso de la energía nuclear es rechazable.

La naturaleza de los riesgos de esta tecnología, que afectan al planeta entero y a una escala de tiempo de miles de años, la hace un caso único y un ejemplo paradigmático de la locura en la que la humanidad está metida. Dichos riesgos se imponen como hechos consumados a una sociedad cuyos esquemas mentales están dominados por el individualismo, la incertidumbre, la utilización inflamatoria del odio y el recelo hacia la otro, y el concepto de "seguridad en el poder" que es el corolario de todo lo anterior.

Podemos preguntarnos qué sucedería si se diera la combinación entre un accidente nuclear y una catástrofe natural que impidiera materialmente o dificultara en gran medida la lucha continua que se libra contra los reactores accidentados. ¿Qué hubiese sucedido si el terremoto de Fukushima hubiese abierto una gran grieta alrededor de la central impidiendo el acceso de los equipos de emergencia? ¿Y si un accidente coincidiese con una grave epidemia? ¿O un conflicto militar? ¿O un ataque terrorista?

La traducción española a cargo de Miguel Amorós incluye algunas notas a pie de página que dejan en evidencia algunos de los responsables de la nuclearización en España, citando algunas declaraciones entre chulescas y prepotentes. Hubiera añadido interés a estas notas alguna referencia a la flagrante ocultación de datos y engaño a la población que se produjeron después del Accidente nuclear de Madrid de 1970 [1], y que nunca ha sido oficialmente corregido; ni siquiera después de la "lección" añadida que debería haber supuesto Vandellós I.

La lectura de La nuclearización del mundo es especialmente recomendable a quienes sostienen todavía los planteamientos ecologistas ingenuos y bienintencionados, según los cuales simplemente "debemos poner" (¿nosotros? ¿quién?) en una balanza las ventajas y los inconvenientes de diferentes alternativas tecnológicas, para que así "la sociedad" se decante a favor de las menos malas. A este discurso siempre le ha faltado la constatación de que mientras unos elaboran power points para "enriquecer el debate", otros toman las decisiones, simplemente porque pueden. Y no sirve de nada convencer a la mayoría de la gente de algo sin incidir en los mecanismos del poder y la toma real de decisiones. Una tarea difícil, pero necesaria.


Prueba nuclear francesa en el Océano Pacífico. Publicada por James Vaughan en Flickr.

[1] Ver mi artículo sobre este accidente en el blog Horitzons inesperats: L'accident nuclear de Madrid (Espanya, 7 de novembre del 1970).

lunes, 28 de octubre de 2013

"Catastrofismo, administración del desastre y sumisión sostenible" (René Riesel y Jaime Semprun, 2011)

Lee este artículo en catalán en el blog Horitzons inesperats.


Jaime Semprun y René Riesel, Catastrofismo,administración del desastre y sumisión sostenible, Pepitas de calabaza, Logroño, 2011.

"Al acabar de arruinar todas las bases materiales, y no solamente materiales, en que se apoyaba, la sociedad industrial crea tales condiciones de inseguridad, de precariedad generalizada, que sólo un aumento de la organización, es decir, del sometimiento a la máquina social, puede hacer pasar este agregado de aterradoras incertidumbres por un mundo habitable".

La propaganda que se hace sobre la destrucción del planeta que se está produciendo en las últimas décadas sienta las bases de una nueva vuelta de tuerca en los mecanismos de dominación. La misma sociedad industrial que causa los destrozos difunde abundante información científica sobre ellos, a la vez que presenta sus nuevos mecanismos de regulación como un remedio que permita continuar con la espiral de producción y consumo de mercancías.

Esta es la tesis principal de este libro, que acabo de releer. Dicha tesis se desarrolla con un rigor y un espíritu crítico nada comunes en nuestro tiempo, en que la práctica totalidad del "debate" que se da en la sociedad del espectáculo es vacío y carente de interés.

El texto continúa probando que del ecologismo científico se ha adoptado la necesidad de regulación de la actividad económica, de la planificación de la explotación de los recursos y por extensión de todas las actividades sociales, para conseguir una supervivencia garantizada en un mundo lleno de amenazas. Esta tesis es abrazada con entusiasmo por amplios sectores de la "izquierda" más "comprometida", que se convierten en defensores a ultranza de la regulación estatal de la actividad económica capitalista.

Riesel y Semprun rechazan el marco de referencia de la sociedad espectacular-mercantil, con su fundamento en la producción industrial, como único modo de vida posible. Por ello someten a crítica tanto su versión desregulada, de destrucción suicida del planeta, como la apología de su versión regulada, que se propondría mantener estables dentro de la gravedad las constantes vitales de nuestra Tierra por medio de un sometimiento creciente de los individuos al control social por parte de un poder centralizado, el cual es difícil no sospechar que es en realidad un fin en sí mismo.

El de Riesel y Semprun es un texto de referencia al que volver una y otra vez, y un complemento necesario de "La sociedad del espectáculo" y "El planeta enfermo", de Guy Debord, así como de "Crédito a muerte", de Anselm Jappe.

La comparación con Jappe es interesante. Mientras éste se centra en analizar las contradicciones internas de la mercancía y el capitalismo, Riesel y Semprun prefieren hablar de lo que la sociedad industrial realmente hace, subrayando su absurdo, su fealdad y su carácter indeseable. Al hacerlo dejan en evidencia al discurso de la "sostenibilidad": sostener este desastre, dicen, es cualquier cosa menos deseable.

Jaime Semprun (fallecido en 2010) ya apuntaba tesis parecidas en "La nuclearización del mundo" (editado también por Pepitas de Calabaza), aunque ahí centrándose en el papel central que juega la energía nuclear dentro de la estrategia de fortalecimiento del poder.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Brillos de satélite

Publiqué este texto originalmente el 30 de noviembre de 2010 como un comentario a Síndrome de abstinencia, una entrada del blog Doblepensar de Olavia Kite. Lo recupero ahora para este blog, añadiendo notas al pie.

Una de las primeras noches que usé Twitter descubrí un usuario [1] que te decía cuándo iban a verse brillos de satélite [2] en el cielo de tu ciudad. Los tweets eran del estilo: "A las 22:15, a tal altura, en tal dirección y de tal magnitud."

Esa misma noche subí a la azotea y miré hacia donde uno de esos tweets me indicaba. De repente apareció esa luz, como una tenue estrella fugaz avanzando lenta por un trozo de cielo.

Muchas otras noches he pensado si acaso en internet nosotros somos esos satélites, reflejando en cajitas de texto la luz de alguna estrella perdida. Sin saber si sirve para algo, ni si alguien estará mirando.Y aun así…

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[1] El usuario en cuestión es @overbarcelona1. Forma parte del proyecto The Space Station on Twitter, de Robert Simpson. Se actualizó por última vez en Junio de este año.

[2] Los flares brillos de satélite son un fenómeno causado por la reflexión de la luz solar sobre la superficie de elementos brillantes de un satélite artificial tales cómo antenas o paneles solares, que, en dirección a la Tierra, causan un efecto breve de luminiscencia. Para más información, véase Wikipedia.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El lenguaje empobrecido de la política

Tras leer mis recientes artículos sobre el independentismo en Cataluña, un amigo me escribe: “Hay que mirar a la realidad de frente y dejar de jugar al escondite”. Añade que nuestros políticos tienen miedo a plantear lo que realmente hay en juego y que en lugar de eso prefieren seguir los consejos de sus expertos en marketing. Coincido con su valoración. Pienso que los políticos que gobiernan ésta nuestra comunidad se han acostumbrado a los juegos de palabras, a decir cosas para que queden bien y suenen sugerentes a un cierto número de personas. Al final se expresan con una vaporosidad tal que, en realidad, no están diciendo nada. ¿A qué huele el “dret a decidir”?¿y la “cohesió social”? ¿la “voluntat d’un poble”? ¿y el “procés de transició nacional”?

Este lenguaje adulterado y vacío no es inusual en el mundo de la política. Pero me parece especialmente pernicioso en un gobierno que tiene como objetivo cambiar algo tan relevante como el estatus político de Cataluña y la nacionalidad de sus ciudadanos. Un cambio así debería explicarse con claridad, sin eufemismos ni ambigüedades de ningún tipo.

Sigo con otro ejemplo. Leí hace poco un manifiesto impulsado por dos personajes mediáticos (Arcadi Oliveres y Teresa Forcades) que pretende montar una candidatura electoral al Parlamento de Cataluña alrededor de una propuesta de “proceso constituyente”. Para ello parte de diez “ideas base”, expresadas en un “manifiesto” y numeradas del 1 al 10. Me paré un momento en la número 6, que dice: “Dret al propi cos i no a la violència de gènere.” “Dret al propi cos” no quiere decir realmente nada, o al menos nada útil; pero ha sido elegida por buena parte de gente como eufemismo del aborto libre. Pero si se quiere el aborto libre, ¿por qué no se defiende el aborto libre? La expresión es mucho más comprensible, lingüísticamente preferible a un término tan falto de contexto y concreción como el “derecho al propio cuerpo”.

Parece que los convencidos de la “independencia” han preferido usar el “derecho a decidir”, igual que los convencidos del aborto el “derecho al propio cuerpo”, por las mismas razones fundamentales: una, que son términos más suaves (no puede ser de otro modo cuando en el significante se omite la práctica totalidad del significado); y dos, que incorporan una apelación al “derecho”. En efecto, el “dret al propi cos” forma, con el “dret de decidir”, el “dret a l’habitatge”, el “dret a un treball digne” y quizá alguno más, la colección de derechos del buen “progresista”. Al incorporarlos a un discurso político ya parece que no se están contraponiendo proyectos, sino ofreciendo derechos a un ciudadano ávido de acumular el mayor número posible de ellos.

En el marco de un capitalismo en crisis la izquierda se ha vuelto “derechista”, y su programa se basa en la nostalgia de cuando la casa era grande y podía pagar: alquileres a “los jóvenes”, becas a estudiantes universitarios, cheques mensuales a padres, y así.

El discurso “derechista” llama a la defensa de “lo público” y por ende de la factura que hay que pagar para sostenerlo. Y “lo público” no es son sólo la sanidad y la educación, sino también los canales de televisión autonómica (cuatro en Cataluña: TV3, 33/Super 3, 3/24 y Esport 3) y las subvenciones al teatro y al doblaje de películas. Esto es “lo público”, y reducirlo es ceder a las “perversas” ideas de Angela Merkel y la Unión Europea. Algunos incluso se creen de verdad que fuera del euro viviríamos mejor, no por alguna consideración geopolítica o de soberanía nacional (muchos de quienes lo dicen no se ponen de acuerdo ni en de qué nación estamos hablando) sino sencillamente porque sin nadie que nos impusiera límites al déficit nos podríamos endeudar más.

¿Quién puede decir que no a un derecho más? Sólo un sector de la población que toma consciencia de lo que está costando pagarlos todos. Y el “derecho a decidir”, la última pieza de la colección, también se paga: la factura de la independencia sería inmensa, los costes de transición serían elevadísimos. Pero parece que hablar de eso “ahora no toca”.

Cada generación da un paso más en el empobrecimiento del lenguaje. Lo da con entusiasmo, convencida de que basta ser espectador no hace falta más que una capacidad de expresión muy básica. Se dimite del verbo, el matiz y a la complejidad y se dejan los botones de “me gusta” y “compartir". Los nuevos aparatos incorporan pantallas brillantes y de alta definición y una buena  cámara, para que todo se vea perfecto, aunque escribir dos párrafos seguidos cueste trabajo. Para tuitear #wertgonya o #nolesvotes no hace falta un gran teclado. Lo complicado sobra, quizá porque la verdad podría romper el hechizo.