martes, 9 de octubre de 2012

25-N: Planteamiento

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Independentismo

La medida más reciente de la opinión de los catalanes sobre la independencia de Cataluña la tenemos en la segunda oleada de 2012 del Barómetro de Opinión Política, elaborado por el Centro de Estudios de Opinión y publicado el 27 de junio de 2012. El barómetro contempla la independencia en dos preguntas, que reproduzco a continuación.

28. En todo caso, ¿cómo cree que debería ser esta relación? Cree que Cataluña debería ser ...
  • Una región de España 5,7%
  • Una comunidad autónoma de España 25,4%
  • Un estado dentro de una España federal 28,7%
  • Un estado independiente 34,0%
  • No sabe 5.0%
  • No contesta 1,3%
29. Y más concretamente, si mañana se hiciera un referéndum para decidir la independencia de Cataluña, ¿usted qué haría?
  • Votaría a favor de la independencia 51,1%
  • Votaría en contra de la independencia 21,1%
  • Abstendría / no iría a votar 21,1%
  • Otras respuestas 1,0%
  • No sabe 4.7%
  • No contesta 1,1%
Los resultados de esta encuesta no permiten una interpretación monolítica. Por un lado, cuando se pregunta a los ciudadanos por sus preferencias en cuanto al estatus de Cataluña (pregunta 28), la opción elegida por más ciudadanos (un 34,0%) es el estado independiente. La segunda opción con más partidarios es que Cataluña sea un estado dentro de una España federal. La tercera es que sea una comunidad autónoma de España (el estatus actual). La cuarta, a mucha distancia, que sea una región de España. Dichas segunda, tercera y cuarta preferencias de los catalanes implican todas ellas una permanencia dentro de España. Si se suman sus porcentajes se obtiene un 59,8% de ciudadanos que prefieren opciones no independentistas, una cifra bastante superior al mencionado 34,0% que optan por un estado independiente.

Por otra parte, si a los mismos ciudadanos se les plantea una opción "a todo o nada" en que se les pregunta qué harían en el supuesto de un referéndum para decidir la independencia de Cataluña (pregunta 29), entonces una mayoría absoluta (un 51,1%) afirman que votarían a favor; muy por encima de los que dicen que votarían en contra, que son el 21,1%. Mirando esta pregunta se puede concluir que el independentismo le saca nada menos que treinta puntos de ventaja al no independentismo, una conclusión que no concuerda nada con la anterior.

La opción del estado independiente está en aumento en las preferencias de los catalanes. Volviendo a la pregunta 28, si se consulta la evolución histórica de los resultados [1] se puede observar que esta opción ha ido aumentando a lo largo del tiempo, desde cifras que oscilaban alrededor del 14% en los años 2005 y 2006 , hasta la actual, que más que duplica este porcentaje.

Una encuesta sólo es una fotografía del estado de opinión en un momento dado, y de ella no se puede desprender ninguna acción política de forma automática. Alguien puede captar este estado de opinión y decidir trabajar para que el porcentaje de partidarios del estado independiente aumente, y alguien puede captarlo, también, e intentar conseguir que este disminuya. El resultado de una encuesta no es nunca, por sí solo, un argumento suficiente para dar por válidas o no determinadas propuestas políticas; corresponde a las candidaturas electorales de presentar éstas de forma clara a los ciudadanos, que les darán más o menos apoyo con sus votos.

Punto de inflexión

Desde el día en que se hizo esta encuesta hemos vivido unos hechos sin precedentes históricos. En primer lugar, el pasado 11 de septiembre se hizo en Barcelona la manifestación más grande de la historia de Cataluña en número de asistentes (unos 600.000, según las fuentes más verosímiles [2]); una manifestación independentista convocada por la Asamblea Nacional de Cataluña con el lema "Cataluña, nuevo estado de Europa" (en catalán "Catalunya, nou estat d'Europa").

En los días siguientes a esta manifestación, y en buena medida bajo su influencia, se han producido una serie de novedades en el panorama político.
  1. El posicionamiento del Presidente de la Generalitat, Artur Mas, expresado en un discurso al día siguiente, a favor de que Cataluña avance hasta conseguir un estado propio. A pesar de no concretarse mucho ni marcarse fechas, sin duda representa un punto de inflexión en el tradicional discurso de gobierno nacionalista y autonomista, pero no independentista, de Convergència i Unió (CiU).
  2. La convocatoria de elecciones anticipadas por parte del presidente, acompañada de una apuesta personal para que estas sean "plebiscitarias" y recojan el apoyo democrático de los catalanes a su propuesta de ejercicio del derecho de autodeterminación. Cabe decir que esta convocatoria es consecuencia inmediata de la negativa del gobierno español a negociar la propuesta de pacto fiscal que constituía la principal propuesta del programa electoral de la fuerza política que ganó las elecciones, CiU.
  3. El apoyo de la mayoría del Parlamento (84 votos a favor de CiU, ERC, ICV, SI, un diputado no adscrito y un diputado del PSC; 21 votos en contra del PP y Ciutadans, y 25 abstenciones del PSC) a una propuesta de resolución para convocar, "prioritariamente" durante la próxima legislatura, una consulta para que los catalanes puedan determinar "libremente y democráticamente su futuro colectivo". A pesar de que el Parlamento había expresado en alguna ocasión que Cataluña "no renunciaba" al derecho de autodeterminación, nunca había resuelto nada tan concreto en este sentido.
Elecciones

Así llegamos a unas elecciones al Parlament de Catalunya, las décimas desde la transición, que el presidente tilda de "plebiscitarias". Y sin embargo un presidente autonómico no tiene la potestad de cambiar la naturaleza de unas elecciones iguales en rango y naturaleza a aquellas de las que se deriva su propio mandato. Artur Mas puede decir lo que quiera, pero en sus competencias está el poder de convocar elecciones anticipadas; no el de darles un contenido u otro.

A pesar de eso los procesos electorales se desarrollan en el marco de la sociedad del espectáculo, cuya dimensión mediática nunca deja lugar para razonamientos demasiado complejos. No hay duda de que el planteamiento de Mas es el que prevalecerá. No sólo por su influencia de su discurso, sino sobre todo porque este se solapa en una ola imparable de debate en torno a la soberanía. Si se consumen medios informativos en lengua catalana, el tema estrella y casi único es el soberanismo, en estos días, y los medios castellanohablantes han acabado impregnando de ese mismo ambiente. Hasta cierto punto es lógico, después de una manifestación de las dimensiones de la de este Septiembre, después de que las "estelades" (banderas independentistas) y las banderas catalanas se hayan instalado en bastantes balcones, tras la sensación de hartazgo de un cierto catalanismo, exactamente el mismo que ahora se convierte en independentista, hacia una España que nunca ha abandonado los parámetros de la Constitución de 1978.

No ayuda a evitar la polarización del discurso el hecho de que la alternativa que plantea la izquierda parlamentaria (principalmente ICV-EUiA) sea el "no a los recortes", un argumento que ha terminado tan simplificado, tan desnudo, tan magro, que se agota en sí mismo, en su propia enumeración. Esto nunca debería haber pasado, pero ha pasado. Tres de los cuatro fuerzas políticas que han contribuido al endeudamiento desmesurado de Cataluña, ICV-EUiA, ERC y el PSC, han descubierto que tras el desastre al que ellos contribuyeron, el "no a los recortes" es un mantra electoralmente efectivo. Y los "indignados" y los supuestos "radicales" les dan la razón. No es una baza muy sólida para conseguir nada. No evita el debate sobre la opción nacional. Los progres dirán "no a los recortes", se quedarán tan anchos y pasarán a discutir sobre el tema nacional. Pero la batalla para enriquecer el debate mediático sobre políticas hace ya bastantes años que está perdida sin remedio. Dejémoslo, pues.

Lo que elegimos el 25 de noviembre son 135 escaños del Parlamento de Cataluña. Los daremos a 135 personas, organizadas en grupos parlamentarios. Alguno de estos grupos presentará un candidato a presidente, le votará en la sesión de investidura y dará apoyo parlamentario al gobierno que éste designe. Y este nuevo gobierno mantendrá la precaria gestión a partir de la realidad actual, con peligro de suspensión de pagos incluido. Y aplicará también su programa, si es el caso y con el ritmo que considere adecuado, en lo que hace referencia a la autodeterminación de los catalanes. Es posible que se marque como objetivo la constitución de un estado independiente.

Éste será un elemento decisivo en el debate. Con todos los matices sobre tiempos y ritmos que se quiera, pero en estas elecciones estamos llamados a expresar nuestra opinión sobre el proyecto, el estatus, la naturaleza del futuro que deseamos para Cataluña. No es el momento de permanecer indiferentes, sino de estar, escuchar, pensar y hablar, sin que nos venzan el miedo ni el dogmatismo.

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[1] Véase Wikipedia: Estudios del apoyo social a la independencia de Cataluña , apartado Centro de Estudios de Opinión .

[2] Véase Wikipedia: Manifestación "Cataluña, nuevo estado de Europa" .

sábado, 25 de agosto de 2012

"Crédito a muerte" (Anselm Jappe, 2011)

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Crédito a muerte. La descomposición del capitalismo y sus críticos. Anselm Jappe. Ed. Pepitas de Calabaza, Logroño, 2011. Edición original en francés: Crédit à mort : la décomposition du capitalisme et ses critiques, Ed. Lignes, 2011.

He hablado ya dos veces de Anselm Jappe: la primera con motivo de su libro sobre Guy Debord, y la segunda por su recopilación de artículos de diversos autores (la mitad del propio Jappe) El absurdo mercado de los hombres sin cualidades. Hoy hablaré de su libro más reciente, Crédito a muerte.

Se trata también de una recopilación de artículos, en este caso todos escritos por Jappe. Los textos siguen profundizando en la teoría llamada crítica del valor, una escuela de pensamiento iniciada por el grupo Krisis y especialmente por Robert Kurz, cuya muerte tuvimos que lamentar el pasado mes de Julio.

Esta teoría se basa en situar la crítica del fetichismo de la mercancía, de Karl Marx, en el centro del análisis crítico del capitalismo, y como piedra angular de una posible ruptura con este sistema. Señala la necesidad de superar valores esenciales en que se basa este sistema: el trabajo, la mercancía y el dinero.

La integración parcial de las reivindicaciones sobre la distribución de los beneficios capitalistas, así como la modernización del capitalismo en las sociedades con democracias más avanzadas, han hecho que el análisis crítico ya no se pueda limitar a la denuncia de un "injusto" reparto de las rentas del capital, como hacía el marxismo de la lucha de clases. Y si la solución no puede pasar sólo por la redistribución o la reapropiación es porque el mecanismo de generación de valor de cambio capitalista es en sí mismo insostenible.

El capitalismo está en una fase de declive irreversible, y se acerca a su fin. Y no sólo por el agotamiento acelerado de los recursos naturales (provocado por su propia carrera hacia la generación de valor), sino porque su funcionamiento interno está condenado al agotamiento. En efecto, el mecanismo de generación de valor, la valorización del capital ("trabajo muerto") mediante el uso del trabajo, tiene unos requerimientos que le empujan necesariamente al colapso. Cada vez es necesario utilizar tecnologías más sofisticadas, para no quedar apartado de la carrera del valor por los competidores. Pero al hacerlo, se reduce la cantidad de trabajo vivo efectivamente necesario, mientras aumenta la necesidad de capital. La relación trabajo / capital va disminuyendo y cada mercancía producida contiene una cantidad inferior de trabajo. Dado que en última instancia el trabajo es la única fuente de generación de dinero, el sistema tiende a acercarse asintóticamente a un límite interno: menos trabajo en cada mercancía, menos generación de dinero, menos beneficio capitalista.

Hablando en términos químicos, el capitalismo tiene un reactivo limitante en el trabajo, y no puede continuar sin éste; no porque así no se puedan producir mercancías, sino porque no se produce dinero para comprarlas. De ahí esa sensación de que tenemos tecnologías de sobra para producir mercancías que cada vez menos gente puede comprar. ¿Cómo se puede aspirar a vender cada vez más, si cada vez se necesita menos trabajo y por tanto se genera menos dinero? La globalización del mercado ha diferido el colapso, pero no lo evitará. No se puede mantener para siempre un crecimiento simultáneo en todos los estratos del mercado mundial.

Jappe identifica un elemento central que ha retrasado el colapso del capitalismo: el crédito. El crédito se basa en el dinero que se espera generar en el futuro, no en el dinero efectivamente existente. El dominio de la imagen caracteriza la forma moderna de la mercancía en la sociedad del espectáculo (siguiendo Guy Debord, el espectáculo es capital en un grado de acumulación que se ha transformado en imagen). En un mundo así transformado, dominado por la representación, donde "lo verdadero es un momento de lo falso", lo menos que se puede esperar es que el dinero se apueste a ganar a sí mismo, haciéndose trampas al solitario de la creación real de valor de cambio.

El libro contiene la oscura profecía de un futuro en el que el capitalismo se derrumba, pero en el que no podemos prever qué vendrá después: algo mejor, o algo todavía peor. El objetivo central de la obra es poner de manifiesto las categorías conceptuales que la vida en el capitalismo ha ido grabando en nosotros, y que forman parte del problema y por lo tanto deben ser superadas, ya que no sirven para la vida en común más allá del capitalismo.

Las ideas expuestas en Crédito a muerte nos permiten ver y pensar con más claridad sobre el mundo actual. Su análisis, si bien no tiene una traducción fácil en acciones de cambio radical, nos prepara mejor para un futuro en el que será necesario superar el capitalismo, empezando por abandonar el marco de pensamiento por él impuesto.

miércoles, 23 de mayo de 2012

"El absurdo mercado de los hombres sin cualidades" (Anselm Jappe, Robert Kurz, Claus Peter Ortlieb, 2009)

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Anselm Jappe, Robert Kurz, Claus Peter Ortlieb: "El absurdo mercado de los hombres sin cualidades. Ensayos sobre el fetichismo de la mercancía." Ed. Pepitas de Calabaza, Logroño, 2009.

El libro que hoy comento es una recopilación de ensayos sobre la crítica del valor,
presentados con una introducción de Anselm Jappe. Cuatro de los textos son del propio Jappe, dos del teórico crítico alemán Robert Kurz, y uno de Claus-Peter Ortlieb. Los dos últimos pertenecen al grupo que fundó la revista Krisis y más tarde, Exit!.

Es conveniente
situar estas teorías en su contexto.


La economía se ha apropiado de la lógica y el lenguaje de nuestro mundo. Se nos presenta como una realidad autónoma la naturaleza de la cual queda fuera de discusión. Al culto al mercado que se instauró durante el siglo XX se ha añadido la exigencia de que los estados ayuden a este mercado, es decir, que hagan de lubricante para favorecer un crecimiento más rápido. Es considerado un mal gobernante el que no actúa de esta manera.

Esta semántica, que se hace pasar por "natural" o neutra, no es nada inocente, sino que refleja y refuerza la sumisión de la vida a una parte de la realidad que se ha escindido y se nos muestra reunificada en la separación , para ser contemplada: el espectáculo. Este es el concepto introducido por Guy Debord, y que consiste en última instancia en el movimiento autónomo de la mercancía, reproduciéndose tautológicamente en una espiral de creación de valor de cambio, de producto acumulado abstracto de una actividad económica que escapa al control de aquellos que la han creado.


La crítica del valor recupera y actualiza la crítica al fetichismo de la mercancía y al devastador efecto que éste tiene en nuestro comportamiento social. Esta crítica fue introducida por Karl Marx en El Capital e influenció el pensamiento de György Lukács, Guy Debord (y toda la Internacional Situacionista) y Jean Baudrillard. Según la crítica del valor, la crisis real que vive nuestra sociedad no tiene que ver con las turbulencias y las oscilaciones cíclicas de un supuesto mecanismo imparable de "generación de valor económico". Más bien es una crisis estructural que nos sitúa en la etapa histórica que llevará al colapso del actual sistema. De hecho el capitalismo ya ha entrado en una fase terminal, en la que quedará más patente el agotamiento de su elemento central, la acumulación de valor de cambio.


Los textos incluidos en el volumen son:

  1.     Introducción a la edición castellana, de Anselm Jappe.
  2.     El absurdo mercado de los hombres sin cualidades, de Anselm Jappe.
  3.     Los intelectuales después de la lucha de clases. De la nueva aconceptualidad a un nuevo pensamiento crítico, de Robert Kurz.
  4.     Las sutilezas metafísicas de la mercancía, de Anselm Jappe.
  5.     Luces de progreso, de Robert Kurz.
  6.     Sic transit gloria artis. El "fin del arte" según Theodor W. Adorno y Guy Debord, de Anselm Jappe.
  7.     Objetividad inconsciente. Aspectos de una crítica de las ciencias matemáticas de la naturaleza de Claus-Peter Ortlieb.
  8.     ¿Crítica social o nihilismo? El "Trabajo de lo negativo" desde Hegel y Leopardi subasta el presente, de Anselm Jappe.
La introducción de Anselm Jappe contiene una síntesis de las ideas más importantes. Cito unos fragmentos:


La crítica del valor afirma que el capitalismo no está viviendo una fase de expansión triunfal ni constituye, en forma de democracia y economía de mercado, un estado final e insuperable de la humanidad. La revolución microelectrónica ha acelerado el agotamiento de la dinámica de acumulación del capital; agotamiento que era ya inherente a sus premisas, esto es, a la doble naturaleza del trabajo como trabajo concreto y trabajo abstracto. Sólo en recurso cada vez más masivo al "capital ficticio" de los mercados financieros ha impedido, durante los últimos decenios, que esta crisis de la economía real llegara a estallar. La crítica del valor es, como toda la teoría del valor de Marx, una teoría de la crisis; y no de una crisis cíclica de crecimiento, sino de una crisis final. (...)

La indiferencia hacia cualquier contenido, subordinado a la mera cantidad de valor -y, por tanto, de dinero-, no sólo explica por qué este sistema tiene que devastar necesariamente a la naturaleza y al hombre, arrojándolo todo a la gran hoguera de la valorización; esta indiferencia constitutiva plasma también la propia vida anímica de los que viven en una sociedad de la mercancía. El fetichismo de la mercancía es precisamente eso: una forma a priori, un código simbólico inconsciente, previo a toda forma posible de acción y de pensamiento. El capitalismo ya no es un sistema que oprime desde el exterior a unos sujetos humanos sustancialmente distintos del sistema mismo. Hoy en día, el capitalismo crea unos sujetos que ven en el mundo entero unos simples medios para realizar sus propios intereses. Semejante incapacidad de reconocer la autonomía del mundo exterior al Yo caracteriza, por un lado, a la filosofía moderna a partir de Descartes y de Kant; por otra parte, en la época de la "cultura del narcicismo" (Christopher Lasch), se ha convertido en un fenómeno de masas. Esta relación puramente instrumental con el mundo -con los otros seres humanos, con la naturaleza y, finalmente, con cualquier cosa dada fuera de la abstracta voluntad del Yo, empezando por el propio cuerpo de uno- ya no se puede reducir a ninguna estructura de clase social. La acción continua de los mass media y la eliminación simultánea de la realidad y de la imaginación en favor de una chata reproducción de lo existente, loa "flexibilidad" permanentemente impuesta a los individuos y la desaparición de los tradicionales horizontes de sentido, la devaluación conjunta de lo que constituía una vez la madurez de las personas y de lo que era el encanto de la niñez, reemplazados por una eterna adolescencia embrutecida, todo eso ha producido una verdadera regresión humana de grandes dimensiones, que puede calificarse de barbarie cotidiana. No faltan descripciones, a veces agudas, de esos fenómenos, pero los remedios que proponen son ineficaces o trivialmente reaccionarios (cuando se propone la simple restauración de las autoridades tradicionales). Sólo a partir de un cuestionamiento radical de la lógica de la mercancía se pueden entender las raíces profundas de tales tendencias a la deshumanización. (...)

La mercancía y el trabajo, el dinero y la regulación estatal, la competición y el mercado: detrás de las crisis financieras que vienen repitiéndose desde hace veinte años, se perfila la crisis de todas esas categorías, las cuales -cosa que nunca se recuerda lo bastante- no forman parte de la existencia humana desde siempre ni en todas partes. Se han apoderado de la vida humana a lo largo de los últimos siglos y podrán evolucionar hacia algo diferente: algo mejor, o algo todavía peor.

En el primer ensayo, "El absurdo mercado de los hombres sin cualidades", Jappe profundiza en las mismas tesis y comenta como la "lucha de clases" fue en realidad una lucha de los trabajadores para integrarse en el capitalismo.


El segundo ensayo, de Robert Kurz, analiza el comportamiento de los llamados "intelectuales", que en su mayoría no hacen más que reír las gracias al mercado, proporcionándole pensamientos de autoayuda ad hoc: "Para Tener Éxito tienes que creer en algo, no importa en qué." A continuación considera algunos intentos de hacer una investigación histórica más rigurosa y pasa a analizar el Marx que ha quedado obsoleto porque ya ha cumplido su papel: convertir los trabajadores asalariados en sujetos dinerarios y jurídicos burgueses de pleno derecho. Este sería el Marx de la "modernidad". Kurz lo contrapone al Marx de la crítica radical a la mercancía y el dinero, al cual considera aún vigente.



Hay que salir a tientas del laberinto de la modernidad, guiándonos por el tenue hilo de Ariadna de la crítica radical marxiana -aún forzosamente abstracta e incompleta- de la mercancía y del dinero. El concepto marxiano de fetichismo, una vez liberado del lastre del viejo marxismo del movimiento obrero, se podría ampliar -o hacer reconocible- mediante una crítica del propio fetiche del trabajo. En problema ya no es la "explotación" en la forma-valor, sino el trabajo abstracto mismo, esto es la utilización abstracta y empresarial del ser humano y de la naturaleza. (...)

Hay que liberar este mundo unificado de la forma-mercancía, conservando a la vez su nivel civilizatorio, sus fuerzas productivas y sus conocimientos. Tal es, en escuetas palabras, la próxima tarea histórica, la que ahora "toca" y que el marxismo obrero había marginado y postergado a un supuestamente lejano futuro.

La proximidad con las ideas de los situacionistas es evidente. Medio siglo después, la crítica sigue teniendo los mismos temas centrales en su programa: la superación de la forma-mercancía y la sociedad del espectáculo, el uso libre del tiempo y el espacio, la creación consciente de la realidad social y de la historia a partir de relaciones sociales entre las personas no mediatizadas por las imágenes.


El papel del arte a partir de las tesis de Guy Debord y Theodor W. Adorno, según Anselm Jappe, y la utilización capitalista de la luz para invadir los sectores que hasta entonces se le escapaban (la oscuridad equivale al descanso, al no trabajo, a la actividad libre fuera de la esfera tautológica del trabajo-consumo), en el análisis de Robert Kurz, son los interesantes temas de otros artículos publicados en este volumen.


En un mundo dominado por el culto al crecimiento y a la generación de valor de cambio, hasta el punto de amenazar la propia supervivencia de la especie, en una sociedad del espectáculo en que el pensamiento mayoritario está al servicio de la propia acumulación de mercancías-imágenes, se hace necesaria la exploración de ideas como las aquí expuestas. Porque hay en ellas una crítica coherente, una dosis inusual de lucidez y de contextualización histórica, que ayuda a explicar los desastres que hoy vivimos, paso imprescindible para cualquier intento de esbozar una vía alternativa.

 
 
Enlaces de interés
 
    
Antivalor, en portugués. Excelente sección de textos.
    
Exit!, En portugués.
    
Grupo Krisis. Incluye textos en varios idiomas.

    
Anselm Jappe ha escrito sobre la crítica del valor y la crítica del trabajo en numerosos artículos. Uno muy relacionado con el preámbulo del libro aquí comentado (de hecho, comparte algunos fragmentos) es "Crédito a muerte", aparecido en la revista Lignes, n. 30, París, octubre de 2009. Cito:
"Les différentes crises – économique, écologique, énergétique – ne sont pas simplement « contemporaines » ou « liées » : elles sont l'expression d'une crise fondamentale, celle de la forme-valeur, de la forme abstraite, vide, qui s'impose à tout contenu dans une société basée sur le travail abstrait et sa représentation... dans la valeur d'une marchandise." Este texto fue incluido en el libro posterior Crédito a muerte, selección de artículos de Anselm Jappe; Pepitas de Calabaza, 2011.

miércoles, 4 de abril de 2012

Eurovegas y el vestido nuevo de la mercancía

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Sólo un inconveniente técnico insalvable, el límite a la altura de los edificios impuesto por las normas de seguridad aérea, impedirá que el complejo de juego y ocio Eurovegas se construya en la zona agrícola de El Prat de Llobregat. La opinión contraria del Ayuntamiento de El Prat, del Centro de Estudios Comarcales del Baix Llobregat y de una plataforma ciudadana no ha tenido ninguna importancia. El gobierno catalán ha estado trabajando hasta el último día para conseguir un proyecto que supondría la destrucción del entorno agrícola de El Prat de Llobregat y una degradación paisajística y de usos sociales perceptible en toda la comarca. 

El argumento ha sido el de siempre: el dinero. Naturalmente, con el añadido de los puestos de trabajo, que son la otra cara de la moneda. Según el discurso gubernamental, ya forman parte del pasado los tiempos en que los ciudadanos podían hacerse ilusiones de que decidirían su futuro colectivo. Los mismos que se entusiasman con el "derecho a decidir" sobre una única cuestión: la independencia, tienen clara cuál es la única decisión posible en cuanto a la manera de ganarse la vida de la población: someterse a los dictados del mercado. Una nueva democracia espectacular donde los votos se cuentan en euros, dólares, yuanes o la moneda que sea, es igual. Donde, por tanto, gobiernan los que poseen capital y tienen la capacidad de invertirlo.

Es sabido que el capital busca reproducirse: la misión principal de un dólar es convertirse en dos dólares. Como más o menos de comida y ropa ya vamos servidos (y quién no es porque tiene tan poco dinero que, a efectos del capitalista que quiere invertir, no cuenta para nada, no existe como consumidor), y de oferta de vivienda tampoco vamos precisamente escasos, el ocio es el sector donde resulta más fácil identificar oportunidades de negocio. Y si un capitalista quiere montar un invento estilo Las Vegas en El Prat de Llobregat, no será el gobierno del derecho a decidir quien le dirá que no... 


No importa el uso actual de los terrenos, su valor ecológico, paisajístico y social, la importancia que puedan tener en la calidad de vida de los habitantes de El Prat de Llobregat y comarca. Pasear por un espacio libre es un "lujo" que no nos podemos permitir más que si en ese espacio todavía a nadie se le ha pasado por la cabeza hacer ninguna actividad mercantil. El ocio sin consumo no cuenta, los niños sólo pueden jugar a la pelota en un descampado mientras nadie se haya decidido a poner vallas para después construir un hotel, que tiene un valor infinitamente más alto que el de los niños jugando, que en términos monetarios es exactamente igual a cero. En eso consiste el desarrollo: en coger una realidad que está fuera de los mecanismos del mercado y sustituirla por otra que esté dentro. 

Aquí, cuando nos ponemos serios, lo que hay que hacer es producir y consumir, dentro del ciclo infinito de generación de valor de cambio y de puestos de trabajo. Ya no podemos comer lechugas plantadas en los antiguos huertos del pueblo, que claramente "no pueden competir" con las explotaciones agrícolas industriales. Ahora tenemos que buscar trabajo de camareros en un restaurante mexicano de Eurovegas, y luego ir a comprar las lechugas al Mercadona. Si no hay dinero, no hay lechugas. 

Alguien dijo que una "mano invisible" hacía que la búsqueda del beneficio personal se tradujera, a través del mercado, en un beneficio colectivo. Mentira. En la sociedad del espectáculo no hay ninguna mano invisible que empuje hacia un bien común. Más bien está su contrario, el holograma de una mano, una imagen que se presenta como algo real, de hecho identificándose con la única realidad posible y, como corolario, del único bien posible. 

El espectáculo es el vestido nuevo de la mercancía. Desde sus expresiones más obvias (la publicidad, los mass media) hasta el discurso y la actuación de los expertos en economía, el espectáculo, en palabras de Guy Debord "capital en un grado tal de acumulación que se ha convertido imagen" , "relación social entre las personas mediatizada por las imágenes", "resultado y proyecto del modo de producción existente"... aumenta su dominio sobre toda la realidad social, escindiendo una parte de la realidad del resto, y transformando lo realmente vivido en una representación. 

No se puede contestar el dominio del espectáculo, ni siquiera enunciar una negativa, sin hacer una crítica de la mercancía, y del trabajo en el mercado capitalista que es su otra cara. Y no se puede empezar este camino sin decir que no a al menos algunas de las "verdades económicas" de nuestros días, sin parar los pies ni por una vez a los servidores de la mercancía que nos gobiernan. Si no podemos ya ni decir que no a Eurovegas, si ni siquiera en un ejemplo tan disparatado somos capaces de reaccionar contra la ley del beneficio capitalista, no habremos perdido una batalla, sino la guerra definitiva. 

Para que un nuevo tiempo sea posible es necesario, ante todo, frenar la depredación del territorio y del tejido social en manos de quienes buscan su beneficio propio dándonos a cambio la limosna de unos cuantos puestos de trabajo. ¿De verdad no somos capaces de hacer nada más? ¡Qué fracaso! Ahora sabemos que sólo el vuelo cercano de los aviones frenará el proyecto. Qué desastre, que sólo una normativa internacional nos impida hacer barbaridades así. Qué vergüenza, qué amarga victoria; alguien podrá decir que los catalanes un día quisimos Eurovegas. Que el gobierno trabajó para conseguirlo hasta el último minuto, mientras en El Prat de Llobregat la tierra tranquila, la madre tierra, lloraba en silencio.