lunes, 28 de octubre de 2013

"Catastrofismo, administración del desastre y sumisión sostenible" (René Riesel y Jaime Semprun, 2011)

Lee este artículo en catalán en el blog Horitzons inesperats.


Jaime Semprun y René Riesel, Catastrofismo,administración del desastre y sumisión sostenible, Pepitas de calabaza, Logroño, 2011.

"Al acabar de arruinar todas las bases materiales, y no solamente materiales, en que se apoyaba, la sociedad industrial crea tales condiciones de inseguridad, de precariedad generalizada, que sólo un aumento de la organización, es decir, del sometimiento a la máquina social, puede hacer pasar este agregado de aterradoras incertidumbres por un mundo habitable".

La propaganda que se hace sobre la destrucción del planeta que se está produciendo en las últimas décadas sienta las bases de una nueva vuelta de tuerca en los mecanismos de dominación. La misma sociedad industrial que causa los destrozos difunde abundante información científica sobre ellos, a la vez que presenta sus nuevos mecanismos de regulación como un remedio que permita continuar con la espiral de producción y consumo de mercancías.

Esta es la tesis principal de este libro, que acabo de releer. Dicha tesis se desarrolla con un rigor y un espíritu crítico nada comunes en nuestro tiempo, en que la práctica totalidad del "debate" que se da en la sociedad del espectáculo es vacío y carente de interés.

El texto continúa probando que del ecologismo científico se ha adoptado la necesidad de regulación de la actividad económica, de la planificación de la explotación de los recursos y por extensión de todas las actividades sociales, para conseguir una supervivencia garantizada en un mundo lleno de amenazas. Esta tesis es abrazada con entusiasmo por amplios sectores de la "izquierda" más "comprometida", que se convierten en defensores a ultranza de la regulación estatal de la actividad económica capitalista.

Riesel y Semprun rechazan el marco de referencia de la sociedad espectacular-mercantil, con su fundamento en la producción industrial, como único modo de vida posible. Por ello someten a crítica tanto su versión desregulada, de destrucción suicida del planeta, como la apología de su versión regulada, que se propondría mantener estables dentro de la gravedad las constantes vitales de nuestra Tierra por medio de un sometimiento creciente de los individuos al control social por parte de un poder centralizado, el cual es difícil no sospechar que es en realidad un fin en sí mismo.

El de Riesel y Semprun es un texto de referencia al que volver una y otra vez, y un complemento necesario de "La sociedad del espectáculo" y "El planeta enfermo", de Guy Debord, así como de "Crédito a muerte", de Anselm Jappe.

La comparación con Jappe es interesante. Mientras éste se centra en analizar las contradicciones internas de la mercancía y el capitalismo, Riesel y Semprun prefieren hablar de lo que la sociedad industrial realmente hace, subrayando su absurdo, su fealdad y su carácter indeseable. Al hacerlo dejan en evidencia al discurso de la "sostenibilidad": sostener este desastre, dicen, es cualquier cosa menos deseable.

Jaime Semprun (fallecido en 2010) ya apuntaba tesis parecidas en "La nuclearización del mundo" (editado también por Pepitas de Calabaza), aunque ahí centrándose en el papel central que juega la energía nuclear dentro de la estrategia de fortalecimiento del poder.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Brillos de satélite

Publiqué este texto originalmente el 30 de noviembre de 2010 como un comentario a Síndrome de abstinencia, una entrada del blog Doblepensar de Olavia Kite. Lo recupero ahora para este blog, añadiendo notas al pie.

Una de las primeras noches que usé Twitter descubrí un usuario [1] que te decía cuándo iban a verse brillos de satélite [2] en el cielo de tu ciudad. Los tweets eran del estilo: "A las 22:15, a tal altura, en tal dirección y de tal magnitud."

Esa misma noche subí a la azotea y miré hacia donde uno de esos tweets me indicaba. De repente apareció esa luz, como una tenue estrella fugaz avanzando lenta por un trozo de cielo.

Muchas otras noches he pensado si acaso en internet nosotros somos esos satélites, reflejando en cajitas de texto la luz de alguna estrella perdida. Sin saber si sirve para algo, ni si alguien estará mirando.Y aun así…

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[1] El usuario en cuestión es @overbarcelona1. Forma parte del proyecto The Space Station on Twitter, de Robert Simpson. Se actualizó por última vez en Junio de este año.

[2] Los flares brillos de satélite son un fenómeno causado por la reflexión de la luz solar sobre la superficie de elementos brillantes de un satélite artificial tales cómo antenas o paneles solares, que, en dirección a la Tierra, causan un efecto breve de luminiscencia. Para más información, véase Wikipedia.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El lenguaje empobrecido de la política

Tras leer mis recientes artículos sobre el independentismo en Cataluña, un amigo me escribe: “Hay que mirar a la realidad de frente y dejar de jugar al escondite”. Añade que nuestros políticos tienen miedo a plantear lo que realmente hay en juego y que en lugar de eso prefieren seguir los consejos de sus expertos en marketing. Coincido con su valoración. Pienso que los políticos que gobiernan ésta nuestra comunidad se han acostumbrado a los juegos de palabras, a decir cosas para que queden bien y suenen sugerentes a un cierto número de personas. Al final se expresan con una vaporosidad tal que, en realidad, no están diciendo nada. ¿A qué huele el “dret a decidir”?¿y la “cohesió social”? ¿la “voluntat d’un poble”? ¿y el “procés de transició nacional”?

Este lenguaje adulterado y vacío no es inusual en el mundo de la política. Pero me parece especialmente pernicioso en un gobierno que tiene como objetivo cambiar algo tan relevante como el estatus político de Cataluña y la nacionalidad de sus ciudadanos. Un cambio así debería explicarse con claridad, sin eufemismos ni ambigüedades de ningún tipo.

Sigo con otro ejemplo. Leí hace poco un manifiesto impulsado por dos personajes mediáticos (Arcadi Oliveres y Teresa Forcades) que pretende montar una candidatura electoral al Parlamento de Cataluña alrededor de una propuesta de “proceso constituyente”. Para ello parte de diez “ideas base”, expresadas en un “manifiesto” y numeradas del 1 al 10. Me paré un momento en la número 6, que dice: “Dret al propi cos i no a la violència de gènere.” “Dret al propi cos” no quiere decir realmente nada, o al menos nada útil; pero ha sido elegida por buena parte de gente como eufemismo del aborto libre. Pero si se quiere el aborto libre, ¿por qué no se defiende el aborto libre? La expresión es mucho más comprensible, lingüísticamente preferible a un término tan falto de contexto y concreción como el “derecho al propio cuerpo”.

Parece que los convencidos de la “independencia” han preferido usar el “derecho a decidir”, igual que los convencidos del aborto el “derecho al propio cuerpo”, por las mismas razones fundamentales: una, que son términos más suaves (no puede ser de otro modo cuando en el significante se omite la práctica totalidad del significado); y dos, que incorporan una apelación al “derecho”. En efecto, el “dret al propi cos” forma, con el “dret de decidir”, el “dret a l’habitatge”, el “dret a un treball digne” y quizá alguno más, la colección de derechos del buen “progresista”. Al incorporarlos a un discurso político ya parece que no se están contraponiendo proyectos, sino ofreciendo derechos a un ciudadano ávido de acumular el mayor número posible de ellos.

En el marco de un capitalismo en crisis la izquierda se ha vuelto “derechista”, y su programa se basa en la nostalgia de cuando la casa era grande y podía pagar: alquileres a “los jóvenes”, becas a estudiantes universitarios, cheques mensuales a padres, y así.

El discurso “derechista” llama a la defensa de “lo público” y por ende de la factura que hay que pagar para sostenerlo. Y “lo público” no es son sólo la sanidad y la educación, sino también los canales de televisión autonómica (cuatro en Cataluña: TV3, 33/Super 3, 3/24 y Esport 3) y las subvenciones al teatro y al doblaje de películas. Esto es “lo público”, y reducirlo es ceder a las “perversas” ideas de Angela Merkel y la Unión Europea. Algunos incluso se creen de verdad que fuera del euro viviríamos mejor, no por alguna consideración geopolítica o de soberanía nacional (muchos de quienes lo dicen no se ponen de acuerdo ni en de qué nación estamos hablando) sino sencillamente porque sin nadie que nos impusiera límites al déficit nos podríamos endeudar más.

¿Quién puede decir que no a un derecho más? Sólo un sector de la población que toma consciencia de lo que está costando pagarlos todos. Y el “derecho a decidir”, la última pieza de la colección, también se paga: la factura de la independencia sería inmensa, los costes de transición serían elevadísimos. Pero parece que hablar de eso “ahora no toca”.

Cada generación da un paso más en el empobrecimiento del lenguaje. Lo da con entusiasmo, convencida de que basta ser espectador no hace falta más que una capacidad de expresión muy básica. Se dimite del verbo, el matiz y a la complejidad y se dejan los botones de “me gusta” y “compartir". Los nuevos aparatos incorporan pantallas brillantes y de alta definición y una buena  cámara, para que todo se vea perfecto, aunque escribir dos párrafos seguidos cueste trabajo. Para tuitear #wertgonya o #nolesvotes no hace falta un gran teclado. Lo complicado sobra, quizá porque la verdad podría romper el hechizo.

lunes, 18 de marzo de 2013

Crecimiento y sostenibilidad, el debate real

Dos grandes factores limitan el crecimiento, impidiendo su prolongación indefinida: la tierra y el trabajo. Estos factores tienen un papel relevante ya hoy, e ignorarlos no contribuirá a nada más que a agravar la crisis estructural en la que se encuentra el mundo capitalista.

En el programa Europa abierta en Radio 5 de Radio Nacional de España-Radio 5 [1], el pasado Viernes día 15 de Marzo, el profesor y economista Ángel Martínez González-Tablas, presidente de la Fundación Fuhem, criticó las visiones simplistas de la actual crisis e incidió una vez más en que "el debate no es entre austeridad y crecimiento, sino entre crecimiento y sostenibilidad".

Martínez González-Tablas remarca también que la Unión Europea impone un límite al déficit y a la deuda totales, pero de ningún modo obliga en nada (mientras no haya rescate) a la estructura de los ingresos y los gastos. Es decir, añado a título de ejemplo: no obliga al gobierno español ni a las Comunidades Autónomas a recortar en hospitales o en el Disseny Hub Barcelona; en sueldos de profesores o en subvenciones a la Plataforma Pro Seleccions Catalanes. Tampoco obliga a establecer unos mecanismos de ingresos concretos ni a un tamaño específico del Estado. La UE sólo limita la deuda y el déficit, pero no dicta políticas.

La austeridad como medida para limitar el déficit y la deuda es una necesidad, y si se olvida para "apostar por el crecimiento" se está cometiendo un doble error: desatender una necesidad real y jugar nuestro futuro a la ruleta de un crecimiento cuya insostenibilidad habrá que asumir más pronto que tarde con todas las consecuencias.

Hoy mismo en el periódico El Mundo (18 de Marzo, Edición Cataluña, pág. 26), Diego Torres informa de que el nuevo primer ministro de China, Li Keqiang, establece como objetivo esencial de su mandato "mantener un crecimiento económico que consiga doblar el PIB en tan solo 10 años -de 2010 a 2020-. Para lograrlo, apostó por una 'reestructuración económica' que libere 'nuevos motores de crecimiento'. Entre otras medidas, citó la liberalización paulatina del sector servicios y de parte del sistema financiero". La multiplicación por 2 del PIB a la que aspira el nuevo primer ministro es un paso más hacia el colapso ecológico del planeta.

El profesor Martínez González-Tablas y Santiago Álvarez Cantalapiedra defienden en un artículo conjunto titulado Una lectura de la crisis desde perspectiva estructural, publicado en la Revista Papeles de la Fundación Fuhem, número 105, año 2009 [2], lo siguiente:
El sistema capitalista actual ha agotado las capacidades que históricamente ha desplegado, como consecuencia de sus contradicciones y de los serios límites ecológicos a los que se enfrenta. Hay en la crisis rasgos clásicos del funcionamiento del capitalismo, si bien se han dado algunos elementos más novedosos: el creciente dominio del neoliberalismo, la profundización de la mundialización y el giro hacia unas finanzas desbocadas y carentes de mecanismos de control. El objetivo básico e irrenunciable debe consistir en poner el subsistema financiero al servicio de la buena reproducción del sistema económico y colocar a este, a su vez, bajo la dirección y el control de una sociedad democráticamente constituida.
Los límites del crecimiento y la imposibilidad de un crecimiento indefinido han sido tratados ya en este blog. En el artículo sobre el libro "El absurdo mercado de los hombres sin cualidades" (Anselm Jappe, Robert Kurz, Claus Peter Ortlieb, 2009) (Mayo de 2012) citaba a Anselm Jappe:
La crítica del valor afirma que el capitalismo no está viviendo una fase de expansión triunfal ni constituye, en forma de democracia y economía de mercado, un estado final e insuperable de la humanidad. La revolución microelectrónica ha acelerado el agotamiento de la dinámica de acumulación del capital; agotamiento que era ya inherente a sus premisas, esto es, a la doble naturaleza del trabajo como trabajo concreto y trabajo abstracto. Sólo en recurso cada vez más masivo al "capital ficticio" de los mercados financieros ha impedido, durante los últimos decenios, que esta crisis de la economía real llegara a estallar. La crítica del valor es, como toda la teoría del valor de Marx, una teoría de la crisis; y no de una crisis cíclica de crecimiento, sino de una crisis final
En mi comentario sobre "Crédito a muerte" (Anselm Jappe, 2011) (Agosto de 2012) expuse:
Hablando en términos químicos, el capitalismo tiene un reactivo limitante en el trabajo, y no puede continuar sin éste; no porque así no se puedan producir mercancías, sino porque no se produce dinero para comprarlas. De ahí esa sensación de que tenemos tecnologías de sobra para producir mercancías que cada vez menos gente puede comprar. ¿Cómo se puede aspirar a vender cada vez más, si cada vez se necesita menos trabajo y por tanto se genera menos dinero? La globalización del mercado ha diferido el colapso, pero no lo evitará. No se puede mantener para siempre un crecimiento simultáneo en todos los estratos del mercado mundial.
Y en La ilusión falsa de la crisis (Enero de 2013) concluía:
La confianza en un repunte en el ciclo económico es la ilusión falsa de nuestra crisis. Cuando las curvas cambien de tendencia algunos indicadores mejorarán temporalmente, pero el modelo de crecimiento económico en la producción y consumo de mercancías está ya agotado, es inútil, no sirve ni para la España ni mucho menos para el mundo en el siglo XXI. Los parámetros de la segunda mitad del siglo XX ya no sirven; hay que seguir pensando.
Bastante antes, en mi blog en catalán Horitzons inesperats, publiqué un comentario sobre el seminal libro "Steady-State Economics" (Herman E. Daly, 1977) (Octubre de 2010). Es conocido como Daly demuestra la imposibilidad física del crecimiento económico sostenido en el tiempo, cuestionando asimismo su papel como objetivo político:
Una riqueza suficiente, eficientemente mantenida y asignada, y equitativamente distribuida, no una producción máxima; ése es el objetivo económico adecuado.
Daly, y con él toda la economía ecológica, identifican como "reactivo limitante" del crecimiento económico a la Tierra, mientras que el análisis de Jappe y Robert Kurz, en su teoría crítica del valor y del colapso de la modernización, añaden un segundo elemento: el trabajo. Ambos me parecen correctos, pero de entre ellos es el primero, la Tierra (todo nuestro medio ecológico) el que supone un límite más inmediato y urgente.

Dada la relevancia del tema, periódicamente volveré a él, aportando nuevas referencias y reflexiones.
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[1] El programa se puede escuchar en la sección "A la carta" de Radio 5, en la aplicación para Android "RNE en Directo". 

[2] El artículo completo se puede leer en la web de la Fundación Fuhem: http://www.fuhem.es/revistapapeles/index.aspx?numero=105 .

lunes, 4 de marzo de 2013

Independentismo (II): La independencia en el sujeto

Las letras, las naciones y las identidades colectivas no están muy en boga en el mundo de hoy. Los números, la economía y la ciencia sí. Pero ninguna ecuación, ningún cálculo pueden demostrar que el proyecto político independentista es "correcto". Éste tiene una base fundamentalmente identitaria, al igual que su oposición. Un discurso que ignore el factor de la identidad colectiva es inútil.

En el texto "Independentismo (I): Derechos y proyectos políticos" escribí: "En el centro del debate no debería ponerse un derecho teórico a hacer algo, sino precisamente ese algo: el proyecto político independentista como tal, con sus supuestas ventajas y sus inconvenientes." La frase pretendía distinguir entre la discusión nebulosa sobre derechos y el debate real de contenidos entre los proyectos independentistas y los que no lo son. Aun así, me sirve para ilustrar la que considero que es la principal diferencia entre ellos.

Por muchos argumentos que pueda aportar (el coste de una hipotética transición hacia la Cataluña independiente es enorme; el independentismo afecta ya en la actualidad a decisiones de inversión [1]; supondría un empobrecimiento cultural colectivo; nos separaría del resto de territorios de habla catalana; etc.), la principal razón por la cual no soy independentista es precisamente que discrepo del planteamiento según el cual hay que poner las ventajas y los inconvenientes de la secesión en una tabla, dar a cada uno un valor y finalmente sumar para ver de qué lado se inclina la balanza.

El independentismo usa un argumento (lo reproduzco tal y como lo he leído en varias ocasiones) que encuentro falaz: "Si demostramos el déficit fiscal de Cataluña" (dicen), "entonces las únicas razones que quedarán para oponerse a la independencia serán identitarias". El problema de este razonamiento es que el uso mismo del concepto de "balanza fiscal" (considerando inadmisible que ésta sea negativa) como termómetro para discernir si España "nos conviene o no", parte de una posición identitaria previa que es en sí misma el principio y el fin del independentismo. Obviar la importancia de ese sujeto elíptico ("nosotros, los catalanes") en el enunciado, pretendiendo darle un carácter meramente económico, nos llevaría a un planteamiento absurdo según el cuál cualquier territorio que tenga una "balanza fiscal" negativa, por ser más rico que la mayoría de sus vecinos, debería optar por la independencia. Esta elección previa del sujeto sobre el que se realizan los cálculos conlleva que un euro que se invierta fuera del territorio de Cataluña sea considerado como perdido; da igual si se ha invertido en Teruel ("ellos, los españoles") o se ha arrojado al mar. Empezando así, en un marco de referencia independentista, lo raro sería no llegar a una conclusión también favorable a la secesión.

En todos los países hay regiones que generan más y menos actividad económica, e inevitablemente los cálculos del destino que se da al gasto público arrojarán temporalmente ventajas para uno u otro territorio. En una Cataluña independiente también algún experto economista podría calcular que para Girona es un mal negocio pertenecer a Cataluña, y que estaría mejor siendo independiente.

La cuestión es si uno está dispuesto o no a asumir una nueva realidad colectiva como identidad nacional, en correspondencia con sus sentimientos y preferencias. El independentismo, dicho en otras palabras, es siempre un proyecto identitario.

Por supuesto, no hay nada que impida pensar así. Simplemente quien lo haga debe, a mi entender, asumir que está hablando desde un "nosotros" catalán previamente elegido, y calibrando la pertenencia o no a España como si se tratase de la OTAN o la Unión Europea, desde el puro interés "nacional" catalán. Si te estás planteando si te conviene económicamente estar en España o no es que ya, de hecho, en tu marco de acción política, no estás en España. La posición identitaria es previa, y quien la sostiene debe admitirla para que su razonamiento sea honesto, y no intentar camuflarla para que la independencia parezca la solución a una simple ecuación matemática: "Tanto entra, tanto sale, por lo tanto aislamos la x y nos da independencia".

Todos los que tenemos opinión sobre cuál es la colectividad, el territorio, el país de referencia al cual pertenecemos, hacemos una elección que determina nuestra posición sobre el independentismo. Si el "nosotros" es España, ningún argumento secesionista vale. Si el "nosotros" es Cataluña, con exclusión de cualquier identificación colectiva con España, ¿qué más dan ya los argumentos? Por muchos errores de cálculo que se cometan minusvalorando los extraordinarios costes de la transición al estado independiente, éste es el único proyecto coherente con el hecho de no considerarse español, de considerar que se entra y sale del país cuando se cruza la frontera autonómica.

Por eso mismo plantear un referéndum independentista es ya en sí mismo plantear un protecto político independentista, y la única oposición lógica que se puede dar a este proyecto pasa por decir no a dicho referéndum.

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[1] Dice Carlos Espinosa de los Monteros, Alto Comisionado de la Marca España, en declaraciones a la revista Actualidad Económica, número 2.729, Marzo 2013: "Algunas recomendaciones de gestores de fondos dicen que no se debe invertir con horizontes superiores a un año en Cataluña [...] Los inversores extranjeros están en una posición de wait and see y ya se sabe que, en un mundo en permanente movimiento, el que se para retrocede."

viernes, 1 de marzo de 2013

Independentismo (I): Derechos y proyectos políticos

En mi reciente texto No soy demócrata me refería críticamente a las declaraciones de los representantes de los partidos que apoyaron la "declaración de soberanía" aprobada por el Parlament de Catalunya en Enero. Todos ellos negaban que se tratase de la apertura de un proceso independentista (es decir, la evidencia), sosteniendo en su lugar que simplemente defendían la democracia. Un razonamiento que dejaba a los partidos que no iban con ellos fuera de ese concepto, como si sus escaños hubieran salido de un sorteo o caído del cielo en lugar de proceder de los votos de miles de ciudadanos catalanes.

Es fácil ver la motivación que hay detrás de estos juegos de palabras. El público que, pudiendo elegir entre varias opciones, prefiere la independencia de Cataluña es entre un 29% y un 34% del total, según las encuestas del Centre d'Estudis d'Opinió en 2012 [1]. Miles de catalanes se encuentran distantes o en total desacuerdo con el proyecto de separar a Cataluña del resto de España. Recubriendo ese proyecto de un manto demócrata, sus defensores pretenden aumentar su apoyo para conseguir que sea ampliamente mayoritario. La idea es montar una consulta sobre la independencia con el apoyo tanto de independentistas como de no independentistas. Siguiendo su lógica, para ser "demócratas" no sólo los catalanes deberíamos montar esa consulta, sino todas las demás autonomías: Murcia, Andalucía, Extremadura... si luego sale un 99% contrario a la independencia, no importa; se habrá "garantizado un derecho democrático básico", que se niega perversamente a los ciudadanos si se está en contra de celebrarla.

CiU y ERC, con el apoyo total de ICV-EUiA y parcial del PSC, plantean centrar esta legislatura y probablemente la siguiente en un debate sobre el llamado "derecho a decidir", en lugar de dejarse de rodeos y admitir que lo que hacen es precisamente lo que niegan. A la frase de Joan Herrera (ICV-EUiA), por ejemplo: "No hay un debate entre soberanistas y los que no lo son, sino entre quienes quieren que se reconozca un ejercicio democrático y los que no", para que sea verdadera hay que darle la vuelta. De lo que realmente se trata no es de "reconocer un derecho democrático", sino de un plan soberanista cubierto con cortinas de manifiestos teóricos, derechos y preguntas, como en aquellos libros de "elije tu propia aventura" que te vendían que la historia no estaba predefinida sino que la elegirías tú al leerla.

Este planteamiento me parece engañoso e inútil. Engañoso porque se juega con las cifras del apoyo a la hipotética consulta como si fueran autodeterministas, utilizándolas como un argumento más a favor de la autodeterminación, como piezas en un camino que tiene un destino muy definido: la independencia. E inútil porque en el centro del debate no debería ponerse un derecho teórico a hacer algo, sino precisamente ese algo: el proyecto político independentista como tal, con sus supuestas ventajas y sus inconvenientes.

En lugar de plantear una Cataluña independiente, fuera de la Unión Europea (sería una consecuencia automática) y en la que el Barcelona tendría como rivales más fuertes por el título de Liga a Espanyol, Girona y Sabadell, se ignora cualquier debate sobre los contenidos y se reduce a una simple cuestión de reconocimiento de derechos.

En la Historia se ha hablado de derechos en diferentes momentos, y de forma importante. El derecho a votar de la mujer, el derecho de una pareja homosexual a llevar su vida con normalidad, el derecho de un niño a ser educado aunque su familia se encuentre en situación de pobreza o sus padres sean fanáticos de alguna creencia que proscribe dicha educación. Son todos ellos derechos individuales que se traducen en posibilidades de acción inmediatas de las personas. La mujer votó, los homosexuales regularon su relación de pareja, el niño recibe efectivamente la educación.

Los proyectos políticos no es útil plantearlos sólo en términos de derechos. ¿Tiene Cataluña derecho a ser independiente? ¿Tiene La Rioja derecho a instaurar un régimen de comunismo, aboliendo la propiedad privada? ¿Tiene Galicia derecho a unirse a Portugal? ¿Tiene Inglaterra derecho a abolir la libra? ¿Tiene Estados Unidos derecho a instaurar un sistema universal de salud? Lo interesante aquí no es el derecho teórico, sino el proyecto político real que se defiende y las ventajas e inconvenientes que supondría el cambio de la situación actual a la defendida por dicho proyecto. Pero en el caso de la independencia de Cataluña se están invirtiendo los términos, cosa que a mi entender distrae y confunde a una parte de la ciudadanía. Dicha inversión de términos no es inocente, sino que como he dicho pretende conseguir mayorías que de otro modo serían mucho más complicadas.

Además, tras anunciar dicho "derecho" desde el independentismo, se exige al gobierno español que lo garantice, reformando la legislación y poniendo todos los instrumentos a disposición de quienes pretenden usarlo para hacer efectiva la independencia. Así se traslada la pesada carga de resolver las dificultades legales que entraña el proyecto precisamente a quienes no tienen ni el más mínimo interés en realizarlo.

El PSC se está perdiendo en medio de esta marisma. Esta semana ha dado apoyo en el Congreso a la negociación del gobierno estatal con el de Cataluña para la celebración de una consulta sobre la independencia. Dos partidos hasta ahora asociados y que comparten grupo parlamentario, PSOE y PSC, discrepan fuertemente sobre un "derecho", aunque al fin y al cabo el PSC insiste en que no quiere que se materialice la independencia.

Cuando alguien te invita a subir a tomar la última copa no te planteas si tienes derecho a subir, sino si quieres hacerlo. Pere Navarro duda ante el portal, convencido de que tiene derecho a subir pero aclarando que no va a tomar nada. Se lía, vacila, se explica mal, pero ahí está al final su apoyo al inicio de un proceso cuyo fin dice que no comparte. No ganará votos entre los independentistas, que ya tienen un buen surtido de opciones, pero está perdiendo buena parte de los suyos. Es libre de hacerlo, por supuesto; tiene derecho. Pero ¿es ésta la contribución que Cataluña necesita ahora de un partido no independentista? Creo que no.

Díganme si quieren la independencia o no, pero no me mareen más con debates sobre el derecho a quererla. Deseen lo que quieran, díganlo claramente y luego trabajen para ello. Ustedes. Sin mi colaboración. Sin mi voto.
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[1] A esas cifras habría que restar algunos puntos para que fueran más realistas, si tenemos en cuenta el enorme sesgo de las muestras que utiliza el Centre d'Estudis d'Opinió, que sobrerrepresenta exageradamente a los votantes de opciones nacionalistas.

Véase también: Consideraciones acerca del independentismo (II): La independencia en el sujeto.

lunes, 28 de enero de 2013

Siete

Ser tú mismo. Ser fiel a lo que piensas que tienes que hacer, sea o no sea lo que más te conviene. Ser como siempre has sido, de la única manera que para ti tiene sentido ser. Cualquier otra historia podría ser mejor, más emocionante o más exitosa; pero no sería la tuya. Al terminar el día, pensar que si has acertado, has tenido tu acierto; y si has fallado, has tenido tu error. Aún más, que por encima de ese acierto y de ese error está el hecho de hacer las cosas como tú las haces; de vivir la vida a tu manera. Se podrá coincidir o discrepar, aplaudir o criticar, pero esa vida es exactamente la tuya; el paso que tropieza es el tuyo, el camino que lleva a un muro es el que tú has seguido, el sueño que se rompe esta noche es tu sueño, y el de nadie más.

¿O no?

Quizá sería mejor olvidarse de todo lo aprendido, de esa construcción a la que llamas ser tú mismo, y sumergirse en la espiral del momento, descubriendo de nuevo: ese ángulo invertido con una línea horizontal en su mitad debe de ser una A, cada persona es una estrella, a esto que quema lo llamaré fuego. Por unos instantes olvidaré cómo hacía las cosas antes. Ignoraré errores y aciertos. Hoy mi verdad será perderme por un nuevo camino, aprender un nuevo nombre. Hoy me cruzaré con un hombre invisible y nos sonreiremos. Hoy nada tengo y todo es posible. Hoy, esta noche, la primera estrella que caiga va a ser mi sueño. Hoy tiraré los dados al mar y las olas me susurrarán: "Siete".

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Este texto fue publicado por primera vez el 17 de Agosto de 2011 en un blog llamado "Lo llamaré fuego", el cuál he unificado con éste.

jueves, 24 de enero de 2013

No soy demócrata

Carta al director publicada en el periódico El Mundo del 26 de Enero de 2013.

Sr. Director:
Hoy he descubierto que no soy demócrata. Resulta que la declaración de soberanía aprobada por el Parlament "no es a favor del Estado propio, ni de la independencia, ni del federalismo, sino a favor de la democracia" (Oriol Pujol); decide "el derecho a decidir", que se resume en la palabra "democracia" (Oriol Junqueras); y "no hay un debate entre soberanistas y los que no lo son, sino entre quienes quieren que se reconozca un ejercicio democrático y los que no" (Joan Herrera).
 Como a mí esto de declararse sujeto político y jurídico soberano y abrir el proceso hacia un referéndum sobre la independencia no me parece bien, en consecuencia no estoy a favor "de la democracia". Sólo lo están quienes votaron la declaración: CiU, ERC e ICV.
Al menos en nuestra Comunidad hay algunos "demócratas"; qué mala suerte han tenido los murcianos, que están sin ningún diputado "demócrata" (partidario de un referéndum independentista).
Daniel Daranas. Barcelona

miércoles, 23 de enero de 2013

De hipotecas y blogs

En Octubre de 2012 Francisco Miguel Justo, en su blog Pelear o correr, escribió sobre la Libertad económica:
Economía de mercado significa que bajo el supuesto de la igualdad de oportunidades sólo puede aquel que tiene y sólo tiene aquel que está dispuesto a supeditar su libertad a la libertad del mercado. Por mucha libertad que nos otorgue la economía sólo volaremos libres con billetes en la cartera. Este lío de libertades y finanzas ha dado en la frustración de muchos y el suicidio de unos pocos, como por ejemplo aquel desahuciado de Granada, o aquel otro de Las Palmas. Nos compramos libremente una casa por un precio para que luego las entidades financieras jueguen con nuestros nervios alterando las gráficas del Euribor, el Euribor es la montaña rusa para los que sufrimos de vértigo. No abogo por la intervención del Estado, abogo por la intervención de la plataforma contra desahucios.
 Hice un comentario que reproduzco a continuación.
La recomendación para quien se comprara una casa, en los momentos en que yo miré la mía, era:
  1. Calcula un 35% de tu sueldo. Eso será la cuota, a 30 años. No más. Una calculadora de simulación de préstamos de indicará en cuestión de segundos qué préstamo hipotecario puedes pedir; pedir más es excesivo.
  2. Para simular tu préstamo, calcula con un Euribor del 5%. El euribor puede estar un bajo ahora, pero oscilará, seguro, y por tanto necesitas calcular con margen (tu sueldo no oscilará con el Euribor).
  3. No pidas de préstamo más del 80% del precio de tasación de la vivienda en ese momento. Así tienes un margen razonable para una posible reventa en caso de que la necesites (recuerda que el margen no puede ser muy inferior, ya que perderás entre un 6% y un 9% del precio de la vivienda en costes adicionales de compra, mayormente impuestos y una pequeña parte de gastos de registro, notario, etc.)
La montaña rusa que tú dices es básicamente para quienes no siguieron estos consejos. Yo lamenté mucho y consideré muy preocupante que se empezaran a escuchar historias de gente que incumplía sistemáticamente las recomendaciones; las tres a la vez.
 Francisco Miguel respondió:
Gracias Daniel, echaba de menos tus comentarios.
El tema es: ¿por qué los bancos arriesgaron tanto? ¿por qué los bancos no hicieron de esos tres puntos que tú dices un mantra irrenunciable? ¿Por qué a mi nadie me explicó que no podía pedir un 120 % del valor, al contrario, me animaron a hacerlo? ¿Soy yo el culpable?
 A lo que yo respondí:
Hola de nuevo, Francisco Miguel.
Mi opinión es que un servicio público gratuito debería haber garantizado ese tipo de chequeos básicos. Pagamos de impuesto alrededor de un 7% del precio de la vivienda adquirida; el estado debería reservar parte de esos recursos para revisar gratuitamente la seguridad de la operación y dar recomendaciones que, a partir de ciertos parámetros límite, podrían incluso bloquearla.
El estado te ofrece asesoramiento gratuito si sientes que necesitas un cambio de sexo, si te divorcias y deseas hacer un acuerdo amistoso… no veo por qué no podría dar asesoramiento, y de forma obligada como en los cambios de sexo que no te la puedes saltar, cuando alguien decide endeudarse por muchos miles de euros a cambio de un piso. Hacemos anuncios por la tele para que los jóvenes no se droguen, pues por qué no poner recursos públicos en prevenir dramas humanos por excesiva deuda.
Reproduzco aquí este diálogo para que no se pierda y además recomendar el blog Pelear o correr, donde encuentro numerosas ideas interesantes; una recomendación modesta, teniendo en cuenta el escaso número de lectores que tiene éste mi blog.

Sería bueno que el auge de Twitter y Facebook no nos hicieran olvidar que internet se puede utilizar también para leer y publicar textos un poco más elaborados, y que de ellos nazca una conversación interesante y abierta. Esto era muy normal en los noventa, pero ahora parece hemos "avanzado" hasta "sintetizar" todas nuestras ideas en 140 caracteres, el retweet y el "me gusta".



martes, 8 de enero de 2013

La ilusión falsa de la crisis

La opinión de la mayoría

La economía española irá peor en 2013 que en 2012, aunque a mí [1] me irá igual. La "recuperación económica" empezará más tarde que en 2014. El Gobierno tomó en lo que llevamos de legislatura las siguientes medidas, que no eran necesarias para mejorar la situación económica: la reforma laboral, la subida del IVA, la subida del IRPF, cobrar por los medicamentos, subir las pensiones menos que el coste de la vida e incrementar las tasas universitarias. Asimismo, tomó una medida necesaria para mejorar la situación económica: congelar la contratación de funcionarios. El gobierno volverá a subir los impuestos o creará alguno nuevo durante 2013 y pedirá el rescate a la Unión Europea. La imagen de solvencia de España ha empeorado con Mariano Rajoy.

Las causas de despido se deberían equiparar entre funcionarios y trabajadores de empresas privadas. Debería reducirse el número de ayuntamientos españoles, así como las diputaciones provinciales. El Gobierno no ha hecho lo suficiente para que las autonomías contengan sus gastos. Los parlamentarios autonómicos no deberían tener sueldo, como ocurre en La Rioja y en Castilla-La Mancha. La Sanidad debería ser gestionada por el Gobierno central en lugar de por las autonomías, y también la Educación.

No es correcta la ayuda que han recibido los bancos españoles. Aquellos banqueros que cometieron excesos no están siendo perseguidos por la justicia de la forma adecuada. El sector financiero español no será ni mejor ni peor tras la desaparición de la mayoría de las cajas de ahorro. Tras cuatro años de crisis financiera, aún confío en mi banco.

Las opiniones hasta aquí reflejadas corresponden a los resultados de la encuesta que publica el diario El Mundo del día 31 de diciembre de 2012.

El recuerdo de voto de quien responde no cambia sustancialmente la opinión sobre los temas de la encuesta. Veamos esto con más detalle. El votante del Partido Popular en las últimas elecciones generales está de acuerdo con todas las respuestas mayoritarias anteriormente citadas, excepto seis: (1) La economía española irá igual en 2013 que en 2012, y no peor como piensa la mayoría; (2) la "recuperación económica" empezará en 2014, y no más tarde; (3) una segunda medida tomada por el gobierno fue también útil: la reforma laboral; (4) el gobierno no pedirá el rescate a la Unión Europea; (5) la imagen de solvencia de España sí ha mejorado con Mariano Rajoy; y (6) el sector financiero será mejor tras la desaparición de la mayoría de cajas de ahorro. Por su parte el votante del PSOE opina lo mismo que la mayoría, excepto en las siguientes cuatro cuestiones: (1) Ninguna medida del gobierno, ni tan siquiera la congelación de la contratación de funcionarios fue una medida útil para mejorar la economía (esto es una constante entre los votantes de cualquier opción que no sea el PP); (2) la Sanidad no debe pasar a gestionarla el gobierno central; (3) tampoco la Educación; y (4) no confían en su banco. El votante de IU comparte esas mismas cuatro discrepancias del PSOE respecto a la opinión mayoritaria, a las que añade una quinta: piensa que a él personalmente le irá peor en 2013 que en 2012. El de UPyD coincide con el votante del PSOE en todo, con una sola excepción: no comparte su discrepancia sobre la gestión de la Educación por parte del gobierno central, sino que defiende, con la mayoría, la necesidad de hacer este cambio. Por lo tanto reduce a tres la cuenta de discrepancias, siendo el grupo de la muestra que más se acerca a la opinión general. Finalmente, el votante de Otros coincide en todo con el del PSOE.

No hay pues una España dividida en formas radicalmente diferentes de ver las cosas. Los encuestados coinciden en muchas más cosas que en las que discrepan. Ven la mayoría o todas las medidas adoptadas por el gobierno como inútiles, creen que hay que reducir ayuntamientos y diputaciones, que el gobierno no ha controlado bien el gasto autonómico, que los parlamentarios autonómicos no deberían tener sueldo, que ha estado mal ayudar a la banca, y que los excesos de ésta no están siendo perseguidos adecuadamente por la justicia.

Es interesante plantearse por qué nuestra sociedad ha llegado a un nivel tan elevado de consenso. También puede plantearse una disyuntiva al valorar ese consenso: ¿es una opinión "clarividente" de quien está limpio y no movido por ningún interés de clase como gobernante? ¿o una opinión "desinformada" de quien no conoce los detalles técnicos y el severo riesgo de quiebra que amenaza a nuestra economía?

Austeridad y crecimiento: ¿un debate?

Observo en nuestra sociedad un extraño consenso en la disensión, un reparto de papeles según el lugar que ocupa cada uno y que consta de al menos tres partes: 1) Quien gobierna recorta los gastos para así contener el déficit y evitar que se desboque el coste de la deuda pública; 2) Dado que esto afecta a los servicios públicos, los ciudadanos protestan; y 3) Desde la oposición la izquierda critica estas medidas usando como argumento principal su efecto contrario al crecimiento económico, cuestionando la necesidad de la austeridad en sí misma en lugar de discutir dónde y cómo se recorta el gasto; y por supuesto sin un atisbo de autocrítica sobre los excesos de gasto cometidos en el pasado.

En lugar de asumir todos la necesidad de reducir los gastos y a partir de ahí avanzar para debatir cómo, nos hemos quedado enquistados en la primera casilla: el gobierno aplica recortes, la sociedad "hace sentir su voz" contra ellos, y la oposición los critica porque perjudican el crecimiento económico y generan "más paro". Da igual si lo que se está cerrando es un hospital, un teatro o un canal de televisión autonómica: el recorte "está mal" y hay que protestar y solidarizarse con los trabajadores.

Tristemente, un titular ("no a los recortes") sirve para posicionarse en el espectáculo mediático como oposición a los que dicen que los ajustes no gustan pero son necesarios en estos tiempos duros. El remache keynesiano que algunos añaden a ese titular, a saber: "la austeridad es mala porque perjudica al crecimiento", es todavía más lamentable. Con ese pretexto, algunos nos llevarían a una quiebra que habría "sentado las bases" para con un crecimiento futuro envidiable. Quizá subvencionando cursos de coreano para todos, porque en la formación está una de las "claves para salir de esta crisis". Antes de que empezemos el primer curso yo tengo un par de observaciones.

La carrera del crecimiento económico a largo plazo no tiene ningún sentido. En primer lugar, porque conduce a un planeta y una sociedad totalmente "economizados", es decir, arrojados a la hoguera de la mercantilización hasta ser reducidos a cenizas. En segundo lugar tiene como unidad de medida el dinero, que tiene su origen último en el trabajo asalariado, el cuál es cada vez más prescindible y menos valorado, como bien analiza Anselm Jappe en su libro "Crédito a muerte". Y si el crecimiento es un plan condenado al fracaso a medio y largo plazo, todavía menos sentido tiene convertir un país en un casino en el que se apuesta todo a "crecer" el trimestre que viene, incluso a riesgo de arruinarse hoy.

Pero para hablar en serio sobre estas cuestiones sería necesario ir más allá, y estamos parados en esa casilla maldita: gobiernos que hacen lo que "hay que hacer", ciudadanos que protestan porque "hay que protestar", izquierdas que apuestan todo al futuro crecimiento.

La confianza en un repunte en el ciclo económico es la ilusión falsa de nuestra crisis. Cuando las curvas cambien de tendencia algunos indicadores mejorarán temporalmente, pero el modelo de crecimiento económico en la producción y consumo de mercancías está ya agotado, es inútil, no sirve ni para la España ni mucho menos para el mundo en el siglo XXI. Los parámetros de la segunda mitad del siglo XX ya no sirven; hay que seguir pensando.
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[1] A quien contesta la encuesta. Encuesta publicada por el diario El Mundo el día 31 de diciembre de 2012 (páginas 4 a 6). Fue realizada por SIGMA DOS y su muestra fue de 1.000 personas. La parte de la encuesta que resumo aquí comprende un total de 24 preguntas, referidas a la economía y la política económica del gobierno, los ajustes en gastos estatales y de las comunidades, y la banca.