Cerro del Tío Pio



Corría el mes de septiembre de 2007 cuando llegué por primera vez al Cerro del Tío Pío.

Llevaba unos días visitando Madrid sin horarios ni rumbo fijo. Despertaba en una vieja pensión de Bellas Vistas, desayunaba en un bar de la calle Bravo Murillo y después empezaba mi camino por los barrios más diversos, improvisando mis pasos sobre el mapa y la guía que llevaba conmigo. Al anochecer solía regresar a la pensión andando, con una pausa para la última cerveza en alguna terraza tranquila.

Una tarde decidí llegar hasta el metro de Portazgo y subir al Parque del Cerro del Tío Pío. El camino a pie es rápido. Subí a la cima más alta y desde ahí miré la ciudad que se extendía a mis pies. Telemadrid, la Puerta de Europa, las Cuatro Torres a lo lejos, al fondo la Sierra... Las imágenes parciales de los últimos días se unieron en un gran paisaje comprensible, alcanzable. Mi camino había encontrado inesperadamente un destino.

Descansé un rato sobre el césped y después me acerqué al bar del parque. Pedí un ron con cola y lo tomé con calma. Demoré el momento del regreso; ahí me sentía bien.

Al cabo de pocos días volví al cerro, esta vez un poco más tarde. Pasé otro rato en la terraza del bar mientras caía la noche. A mi alrededor perros con sus amos, caminantes solitarios, familias charlando mientras los niños jugaban. Historias parecidas a las que ocurren al lado de casa. Nada especial y todo a la vez. Y ahí, justo antes de volver, decidí poner un punto de referencia, un kilómetro cero de lo que estaba por venir. Es arbitrario, no se ve pero está ahí, en la colina más alta del Cerro del Tío Pío.

Corría el mes de septiembre de 2007. Entonces no te conocía. Tuve que andar bastante todavía para encontrarte.

Ahora sé que cuando vuelva a ese lugar será contigo. Desde ahí veremos Madrid. Y volveré a decirte que nuestros caminos están unidos para siempre. Porque tú lo cambiaste todo, tú diste de verdad sentido a mis días. Te lo diré con Madrid y el cielo ante nuestros ojos, mientras cae la tarde sobre el Cerro del Tío Pío.

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