lunes, 4 de marzo de 2013

Independentismo (II): La independencia en el sujeto

Las letras, las naciones y las identidades colectivas no están muy en boga en el mundo de hoy. Los números, la economía y la ciencia sí. Pero ninguna ecuación, ningún cálculo pueden demostrar que el proyecto político independentista es "correcto". Éste tiene una base fundamentalmente identitaria, al igual que su oposición. Un discurso que ignore el factor de la identidad colectiva es inútil.

En el texto "Independentismo (I): Derechos y proyectos políticos" escribí: "En el centro del debate no debería ponerse un derecho teórico a hacer algo, sino precisamente ese algo: el proyecto político independentista como tal, con sus supuestas ventajas y sus inconvenientes." La frase pretendía distinguir entre la discusión nebulosa sobre derechos y el debate real de contenidos entre los proyectos independentistas y los que no lo son. Aun así, me sirve para ilustrar la que considero que es la principal diferencia entre ellos.

Por muchos argumentos que pueda aportar (el coste de una hipotética transición hacia la Cataluña independiente es enorme; el independentismo afecta ya en la actualidad a decisiones de inversión [1]; supondría un empobrecimiento cultural colectivo; nos separaría del resto de territorios de habla catalana; etc.), la principal razón por la cual no soy independentista es precisamente que discrepo del planteamiento según el cual hay que poner las ventajas y los inconvenientes de la secesión en una tabla, dar a cada uno un valor y finalmente sumar para ver de qué lado se inclina la balanza.

El independentismo usa un argumento (lo reproduzco tal y como lo he leído en varias ocasiones) que encuentro falaz: "Si demostramos el déficit fiscal de Cataluña" (dicen), "entonces las únicas razones que quedarán para oponerse a la independencia serán identitarias". El problema de este razonamiento es que el uso mismo del concepto de "balanza fiscal" (considerando inadmisible que ésta sea negativa) como termómetro para discernir si España "nos conviene o no", parte de una posición identitaria previa que es en sí misma el principio y el fin del independentismo. Obviar la importancia de ese sujeto elíptico ("nosotros, los catalanes") en el enunciado, pretendiendo darle un carácter meramente económico, nos llevaría a un planteamiento absurdo según el cuál cualquier territorio que tenga una "balanza fiscal" negativa, por ser más rico que la mayoría de sus vecinos, debería optar por la independencia. Esta elección previa del sujeto sobre el que se realizan los cálculos conlleva que un euro que se invierta fuera del territorio de Cataluña sea considerado como perdido; da igual si se ha invertido en Teruel ("ellos, los españoles") o se ha arrojado al mar. Empezando así, en un marco de referencia independentista, lo raro sería no llegar a una conclusión también favorable a la secesión.

En todos los países hay regiones que generan más y menos actividad económica, e inevitablemente los cálculos del destino que se da al gasto público arrojarán temporalmente ventajas para uno u otro territorio. En una Cataluña independiente también algún experto economista podría calcular que para Girona es un mal negocio pertenecer a Cataluña, y que estaría mejor siendo independiente.

La cuestión es si uno está dispuesto o no a asumir una nueva realidad colectiva como identidad nacional, en correspondencia con sus sentimientos y preferencias. El independentismo, dicho en otras palabras, es siempre un proyecto identitario.

Por supuesto, no hay nada que impida pensar así. Simplemente quien lo haga debe, a mi entender, asumir que está hablando desde un "nosotros" catalán previamente elegido, y calibrando la pertenencia o no a España como si se tratase de la OTAN o la Unión Europea, desde el puro interés "nacional" catalán. Si te estás planteando si te conviene económicamente estar en España o no es que ya, de hecho, en tu marco de acción política, no estás en España. La posición identitaria es previa, y quien la sostiene debe admitirla para que su razonamiento sea honesto, y no intentar camuflarla para que la independencia parezca la solución a una simple ecuación matemática: "Tanto entra, tanto sale, por lo tanto aislamos la x y nos da independencia".

Todos los que tenemos opinión sobre cuál es la colectividad, el territorio, el país de referencia al cual pertenecemos, hacemos una elección que determina nuestra posición sobre el independentismo. Si el "nosotros" es España, ningún argumento secesionista vale. Si el "nosotros" es Cataluña, con exclusión de cualquier identificación colectiva con España, ¿qué más dan ya los argumentos? Por muchos errores de cálculo que se cometan minusvalorando los extraordinarios costes de la transición al estado independiente, éste es el único proyecto coherente con el hecho de no considerarse español, de considerar que se entra y sale del país cuando se cruza la frontera autonómica.

Por eso mismo plantear un referéndum independentista es ya en sí mismo plantear un protecto político independentista, y la única oposición lógica que se puede dar a este proyecto pasa por decir no a dicho referéndum.

___

[1] Dice Carlos Espinosa de los Monteros, Alto Comisionado de la Marca España, en declaraciones a la revista Actualidad Económica, número 2.729, Marzo 2013: "Algunas recomendaciones de gestores de fondos dicen que no se debe invertir con horizontes superiores a un año en Cataluña [...] Los inversores extranjeros están en una posición de wait and see y ya se sabe que, en un mundo en permanente movimiento, el que se para retrocede."

No hay comentarios:

Publicar un comentario