martes, 9 de octubre de 2012

25-N: Planteamiento

Lee este artículo en catalán en el blog Horitzons inesperats.

Independentismo

La medida más reciente de la opinión de los catalanes sobre la independencia de Cataluña la tenemos en la segunda oleada de 2012 del Barómetro de Opinión Política, elaborado por el Centro de Estudios de Opinión y publicado el 27 de junio de 2012. El barómetro contempla la independencia en dos preguntas, que reproduzco a continuación.

28. En todo caso, ¿cómo cree que debería ser esta relación? Cree que Cataluña debería ser ...
  • Una región de España 5,7%
  • Una comunidad autónoma de España 25,4%
  • Un estado dentro de una España federal 28,7%
  • Un estado independiente 34,0%
  • No sabe 5.0%
  • No contesta 1,3%
29. Y más concretamente, si mañana se hiciera un referéndum para decidir la independencia de Cataluña, ¿usted qué haría?
  • Votaría a favor de la independencia 51,1%
  • Votaría en contra de la independencia 21,1%
  • Abstendría / no iría a votar 21,1%
  • Otras respuestas 1,0%
  • No sabe 4.7%
  • No contesta 1,1%
Los resultados de esta encuesta no permiten una interpretación monolítica. Por un lado, cuando se pregunta a los ciudadanos por sus preferencias en cuanto al estatus de Cataluña (pregunta 28), la opción elegida por más ciudadanos (un 34,0%) es el estado independiente. La segunda opción con más partidarios es que Cataluña sea un estado dentro de una España federal. La tercera es que sea una comunidad autónoma de España (el estatus actual). La cuarta, a mucha distancia, que sea una región de España. Dichas segunda, tercera y cuarta preferencias de los catalanes implican todas ellas una permanencia dentro de España. Si se suman sus porcentajes se obtiene un 59,8% de ciudadanos que prefieren opciones no independentistas, una cifra bastante superior al mencionado 34,0% que optan por un estado independiente.

Por otra parte, si a los mismos ciudadanos se les plantea una opción "a todo o nada" en que se les pregunta qué harían en el supuesto de un referéndum para decidir la independencia de Cataluña (pregunta 29), entonces una mayoría absoluta (un 51,1%) afirman que votarían a favor; muy por encima de los que dicen que votarían en contra, que son el 21,1%. Mirando esta pregunta se puede concluir que el independentismo le saca nada menos que treinta puntos de ventaja al no independentismo, una conclusión que no concuerda nada con la anterior.

La opción del estado independiente está en aumento en las preferencias de los catalanes. Volviendo a la pregunta 28, si se consulta la evolución histórica de los resultados [1] se puede observar que esta opción ha ido aumentando a lo largo del tiempo, desde cifras que oscilaban alrededor del 14% en los años 2005 y 2006 , hasta la actual, que más que duplica este porcentaje.

Una encuesta sólo es una fotografía del estado de opinión en un momento dado, y de ella no se puede desprender ninguna acción política de forma automática. Alguien puede captar este estado de opinión y decidir trabajar para que el porcentaje de partidarios del estado independiente aumente, y alguien puede captarlo, también, e intentar conseguir que este disminuya. El resultado de una encuesta no es nunca, por sí solo, un argumento suficiente para dar por válidas o no determinadas propuestas políticas; corresponde a las candidaturas electorales de presentar éstas de forma clara a los ciudadanos, que les darán más o menos apoyo con sus votos.

Punto de inflexión

Desde el día en que se hizo esta encuesta hemos vivido unos hechos sin precedentes históricos. En primer lugar, el pasado 11 de septiembre se hizo en Barcelona la manifestación más grande de la historia de Cataluña en número de asistentes (unos 600.000, según las fuentes más verosímiles [2]); una manifestación independentista convocada por la Asamblea Nacional de Cataluña con el lema "Cataluña, nuevo estado de Europa" (en catalán "Catalunya, nou estat d'Europa").

En los días siguientes a esta manifestación, y en buena medida bajo su influencia, se han producido una serie de novedades en el panorama político.
  1. El posicionamiento del Presidente de la Generalitat, Artur Mas, expresado en un discurso al día siguiente, a favor de que Cataluña avance hasta conseguir un estado propio. A pesar de no concretarse mucho ni marcarse fechas, sin duda representa un punto de inflexión en el tradicional discurso de gobierno nacionalista y autonomista, pero no independentista, de Convergència i Unió (CiU).
  2. La convocatoria de elecciones anticipadas por parte del presidente, acompañada de una apuesta personal para que estas sean "plebiscitarias" y recojan el apoyo democrático de los catalanes a su propuesta de ejercicio del derecho de autodeterminación. Cabe decir que esta convocatoria es consecuencia inmediata de la negativa del gobierno español a negociar la propuesta de pacto fiscal que constituía la principal propuesta del programa electoral de la fuerza política que ganó las elecciones, CiU.
  3. El apoyo de la mayoría del Parlamento (84 votos a favor de CiU, ERC, ICV, SI, un diputado no adscrito y un diputado del PSC; 21 votos en contra del PP y Ciutadans, y 25 abstenciones del PSC) a una propuesta de resolución para convocar, "prioritariamente" durante la próxima legislatura, una consulta para que los catalanes puedan determinar "libremente y democráticamente su futuro colectivo". A pesar de que el Parlamento había expresado en alguna ocasión que Cataluña "no renunciaba" al derecho de autodeterminación, nunca había resuelto nada tan concreto en este sentido.
Elecciones

Así llegamos a unas elecciones al Parlament de Catalunya, las décimas desde la transición, que el presidente tilda de "plebiscitarias". Y sin embargo un presidente autonómico no tiene la potestad de cambiar la naturaleza de unas elecciones iguales en rango y naturaleza a aquellas de las que se deriva su propio mandato. Artur Mas puede decir lo que quiera, pero en sus competencias está el poder de convocar elecciones anticipadas; no el de darles un contenido u otro.

A pesar de eso los procesos electorales se desarrollan en el marco de la sociedad del espectáculo, cuya dimensión mediática nunca deja lugar para razonamientos demasiado complejos. No hay duda de que el planteamiento de Mas es el que prevalecerá. No sólo por su influencia de su discurso, sino sobre todo porque este se solapa en una ola imparable de debate en torno a la soberanía. Si se consumen medios informativos en lengua catalana, el tema estrella y casi único es el soberanismo, en estos días, y los medios castellanohablantes han acabado impregnando de ese mismo ambiente. Hasta cierto punto es lógico, después de una manifestación de las dimensiones de la de este Septiembre, después de que las "estelades" (banderas independentistas) y las banderas catalanas se hayan instalado en bastantes balcones, tras la sensación de hartazgo de un cierto catalanismo, exactamente el mismo que ahora se convierte en independentista, hacia una España que nunca ha abandonado los parámetros de la Constitución de 1978.

No ayuda a evitar la polarización del discurso el hecho de que la alternativa que plantea la izquierda parlamentaria (principalmente ICV-EUiA) sea el "no a los recortes", un argumento que ha terminado tan simplificado, tan desnudo, tan magro, que se agota en sí mismo, en su propia enumeración. Esto nunca debería haber pasado, pero ha pasado. Tres de los cuatro fuerzas políticas que han contribuido al endeudamiento desmesurado de Cataluña, ICV-EUiA, ERC y el PSC, han descubierto que tras el desastre al que ellos contribuyeron, el "no a los recortes" es un mantra electoralmente efectivo. Y los "indignados" y los supuestos "radicales" les dan la razón. No es una baza muy sólida para conseguir nada. No evita el debate sobre la opción nacional. Los progres dirán "no a los recortes", se quedarán tan anchos y pasarán a discutir sobre el tema nacional. Pero la batalla para enriquecer el debate mediático sobre políticas hace ya bastantes años que está perdida sin remedio. Dejémoslo, pues.

Lo que elegimos el 25 de noviembre son 135 escaños del Parlamento de Cataluña. Los daremos a 135 personas, organizadas en grupos parlamentarios. Alguno de estos grupos presentará un candidato a presidente, le votará en la sesión de investidura y dará apoyo parlamentario al gobierno que éste designe. Y este nuevo gobierno mantendrá la precaria gestión a partir de la realidad actual, con peligro de suspensión de pagos incluido. Y aplicará también su programa, si es el caso y con el ritmo que considere adecuado, en lo que hace referencia a la autodeterminación de los catalanes. Es posible que se marque como objetivo la constitución de un estado independiente.

Éste será un elemento decisivo en el debate. Con todos los matices sobre tiempos y ritmos que se quiera, pero en estas elecciones estamos llamados a expresar nuestra opinión sobre el proyecto, el estatus, la naturaleza del futuro que deseamos para Cataluña. No es el momento de permanecer indiferentes, sino de estar, escuchar, pensar y hablar, sin que nos venzan el miedo ni el dogmatismo.

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[1] Véase Wikipedia: Estudios del apoyo social a la independencia de Cataluña , apartado Centro de Estudios de Opinión .

[2] Véase Wikipedia: Manifestación "Cataluña, nuevo estado de Europa" .