miércoles, 4 de abril de 2012

Eurovegas y el vestido nuevo de la mercancía

Lee este artículo en catalán en el blog Horitzons inesperats.

Sólo un inconveniente técnico insalvable, el límite a la altura de los edificios impuesto por las normas de seguridad aérea, impedirá que el complejo de juego y ocio Eurovegas se construya en la zona agrícola de El Prat de Llobregat. La opinión contraria del Ayuntamiento de El Prat, del Centro de Estudios Comarcales del Baix Llobregat y de una plataforma ciudadana no ha tenido ninguna importancia. El gobierno catalán ha estado trabajando hasta el último día para conseguir un proyecto que supondría la destrucción del entorno agrícola de El Prat de Llobregat y una degradación paisajística y de usos sociales perceptible en toda la comarca. 

El argumento ha sido el de siempre: el dinero. Naturalmente, con el añadido de los puestos de trabajo, que son la otra cara de la moneda. Según el discurso gubernamental, ya forman parte del pasado los tiempos en que los ciudadanos podían hacerse ilusiones de que decidirían su futuro colectivo. Los mismos que se entusiasman con el "derecho a decidir" sobre una única cuestión: la independencia, tienen clara cuál es la única decisión posible en cuanto a la manera de ganarse la vida de la población: someterse a los dictados del mercado. Una nueva democracia espectacular donde los votos se cuentan en euros, dólares, yuanes o la moneda que sea, es igual. Donde, por tanto, gobiernan los que poseen capital y tienen la capacidad de invertirlo.

Es sabido que el capital busca reproducirse: la misión principal de un dólar es convertirse en dos dólares. Como más o menos de comida y ropa ya vamos servidos (y quién no es porque tiene tan poco dinero que, a efectos del capitalista que quiere invertir, no cuenta para nada, no existe como consumidor), y de oferta de vivienda tampoco vamos precisamente escasos, el ocio es el sector donde resulta más fácil identificar oportunidades de negocio. Y si un capitalista quiere montar un invento estilo Las Vegas en El Prat de Llobregat, no será el gobierno del derecho a decidir quien le dirá que no... 


No importa el uso actual de los terrenos, su valor ecológico, paisajístico y social, la importancia que puedan tener en la calidad de vida de los habitantes de El Prat de Llobregat y comarca. Pasear por un espacio libre es un "lujo" que no nos podemos permitir más que si en ese espacio todavía a nadie se le ha pasado por la cabeza hacer ninguna actividad mercantil. El ocio sin consumo no cuenta, los niños sólo pueden jugar a la pelota en un descampado mientras nadie se haya decidido a poner vallas para después construir un hotel, que tiene un valor infinitamente más alto que el de los niños jugando, que en términos monetarios es exactamente igual a cero. En eso consiste el desarrollo: en coger una realidad que está fuera de los mecanismos del mercado y sustituirla por otra que esté dentro. 

Aquí, cuando nos ponemos serios, lo que hay que hacer es producir y consumir, dentro del ciclo infinito de generación de valor de cambio y de puestos de trabajo. Ya no podemos comer lechugas plantadas en los antiguos huertos del pueblo, que claramente "no pueden competir" con las explotaciones agrícolas industriales. Ahora tenemos que buscar trabajo de camareros en un restaurante mexicano de Eurovegas, y luego ir a comprar las lechugas al Mercadona. Si no hay dinero, no hay lechugas. 

Alguien dijo que una "mano invisible" hacía que la búsqueda del beneficio personal se tradujera, a través del mercado, en un beneficio colectivo. Mentira. En la sociedad del espectáculo no hay ninguna mano invisible que empuje hacia un bien común. Más bien está su contrario, el holograma de una mano, una imagen que se presenta como algo real, de hecho identificándose con la única realidad posible y, como corolario, del único bien posible. 

El espectáculo es el vestido nuevo de la mercancía. Desde sus expresiones más obvias (la publicidad, los mass media) hasta el discurso y la actuación de los expertos en economía, el espectáculo, en palabras de Guy Debord "capital en un grado tal de acumulación que se ha convertido imagen" , "relación social entre las personas mediatizada por las imágenes", "resultado y proyecto del modo de producción existente"... aumenta su dominio sobre toda la realidad social, escindiendo una parte de la realidad del resto, y transformando lo realmente vivido en una representación. 

No se puede contestar el dominio del espectáculo, ni siquiera enunciar una negativa, sin hacer una crítica de la mercancía, y del trabajo en el mercado capitalista que es su otra cara. Y no se puede empezar este camino sin decir que no a al menos algunas de las "verdades económicas" de nuestros días, sin parar los pies ni por una vez a los servidores de la mercancía que nos gobiernan. Si no podemos ya ni decir que no a Eurovegas, si ni siquiera en un ejemplo tan disparatado somos capaces de reaccionar contra la ley del beneficio capitalista, no habremos perdido una batalla, sino la guerra definitiva. 

Para que un nuevo tiempo sea posible es necesario, ante todo, frenar la depredación del territorio y del tejido social en manos de quienes buscan su beneficio propio dándonos a cambio la limosna de unos cuantos puestos de trabajo. ¿De verdad no somos capaces de hacer nada más? ¡Qué fracaso! Ahora sabemos que sólo el vuelo cercano de los aviones frenará el proyecto. Qué desastre, que sólo una normativa internacional nos impida hacer barbaridades así. Qué vergüenza, qué amarga victoria; alguien podrá decir que los catalanes un día quisimos Eurovegas. Que el gobierno trabajó para conseguirlo hasta el último minuto, mientras en El Prat de Llobregat la tierra tranquila, la madre tierra, lloraba en silencio.

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